El libro que hoy traigo a Optiks es una de esas obras literarias que te hacen pensar mientras las lees y cuando has dejado de hacerlo. No sólo eso, también te impelen a que busques información sobre lo que has leído y a comentar con otros lo que has logrado extraer de esas lecturas y tus reflexiones al respecto.
El título de ese libro es Koljós, lo ha escrito Emmanuel Carrère y publicado la editorial Anagrama.
De Emmanuel Carrère he leído varias obras, todas ellas pueden calificarse de “auto ficción” porque el escritor francés introduce en el relato una parte de su propia vida.
En Koljós no se trata de una parte, sino de toda ella, y aún más, de la de toda su familia, desde las vivencias de sus antepasado maternos rusos y georgianos en la época zarista, hasta la muerte de sus padres en el año 2023.
Aunque la vida de esos antepasados está presente con sus luces y sus sombras, lo que permite a Emmanuel Carrére hacer un amplio recorrido por ambos países antes de 1917 y después, los protagonistas principales de Koljós son su madre: Hélène Carrere d’Encause, hija de emigrantes rusos blancos y georgianos, historiadora, intelectual reconocida, secretaria-directora de la Academia Francesa y siempre una perfecta dama; y su padre: Louis Édouard Carrére, pequeño burgués de provincias, empleado de una aseguradora e historiador aficionado.
La relación entre estas dos personas de procedencias muy distintas no fue fácil. Los orígenes aristocráticos de Hélène, las humillaciones y privaciones que padeció al llegar a Francia junto a su hermano Nicolás, sus padres y otros muchos refugiados que huían del comunismo, en lugar de arruinar su carácter, la hicieron desear sobresalir por encima de todos y mostrar a los demás su valía a base de esfuerzo y trabajo. Casada con Louis, que la adoraba y la dejaba hacer, secundándola en todo, tuvieron tres hijos: Emmanuel, Nathalie y Marina. Enamorada de otro hombre, su marido le amenazó con suicidarse si se divorciaban. Ella no lo hizo, pero le arrinconó por completo. Emmanuel le recuerda durmiendo en un cuarto minúsculo y ajeno a las actividades de la casa, pero sin cesar de investigar sobre las raíces de su mujer en cualquier estamento o lugar que pudiese ofrecerle información al respecto y enamorado de ella hasta el final. Muerta la esposa, él la siguió unos meses después.
Del contenido del libro se deduce que la vida de los hermanos fue feliz. Las relaciones de sus padres, sobre todo por parte de Hélène, cuyos ensayos y obras divulgativas sobre la URSS fueron valorándose cada vez más por políticos y estudiosos de la revolución y sus consecuencias, eran amplias y muy interesantes, ya que estaban pobladas de intelectuales en los más diversos campos que enriquecían la vida de los tres.
Al crecer y convertirse en escritor famoso, Carrére tuvo problemas con su madre, que le había prohibido escribir nada que atañese a su familia. Temía que saliese a la luz lo que consideraba una mancha: que su padre fue un colaboracionista durante la ocupación nazi y le ejecutaron tras la liberación. No le hizo caso y escribió Una novela rusa en la que contaba ese hecho. Lo que les distanció durante más de un año.
Y es que Emmanuel Carrére se confiesa poco condescendiente con los deseos de los demás. Incluso se considera bipolar y una persona complicada y de difícil trato.
Eso no es óbice para que Koljós sea una obra en la que abundan las manifestaciones de amor y admiración hacia su madre; en ese sentido destaca la elección del título y el emotivo y emocionante final.
A pocos días de terminar el libro, un amigo que acaba de volver de sus vacaciones en Georgia, contó lo que le había sorprendido ver en muchas tiendas multitud de objetos que reproducían la imagen del georgiano Stalin. Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, conocido en el país, según Carrére, con el apodo de Soso.
“Un hombre brutal y astuto, un tunante de tres al cuarto que pasó a ser un auténtico gánster al servicio del oscuro partido bolchevique, al frente del cual, posteriormente, mandará asesinar a veinte millones de sus conciudadanos… Los años de formación del personaje consistieron en una sucesión ininterrumpida de atracos a bancos, que los bolcheviques llamaban “expropiaciones”, encarcelamientos, palizas y asesinatos que Soso confiaba a su fiel secuaz, Kamo, un grandullón sádico y ligeramente retrasado”.
Leo en el periódico que, ante el estancamiento de la llamada por Putin “operación especial para desnazificar Ucrania”, el mandatario ruso está decidido a utilizar un tipo de armamento atómico mucho más destructivo que el empleado hasta ahora.
Dice Emmanuel Carrére en Koljós: “Qué piensa el pueblo ruso? ¿Apoya a Putin? ¿En qué proporción? No hay respuesta a esta pregunta porque las estadísticas en Rusia no tienen ningún valor… La televisión martillea el odio a Occidente 24 horas al día, 24 horas con el mismo mantra: Occidente quiere a Rusia muerta, pero Rusia ganará como siempre porque es la Tercera Roma y su vida es miserable pero su alma es fuerte, mientras que la vida en Occidente es agradable pero su alma es débil, degenerada minada por los LGBTQ+, los woke, los ecologistas, los nazis y los pedófilos”.
Además está la seguridad de que, como afirmaba Piatakov, uno de los primeros camaradas de Lenin: “Un bolchevique, si el Partido le dice que el blanco es negro y que el negro es blanco, no debe creer lo que ven sus ojos, sino lo que el Partido le dicta que crea”. “
Y continúa: “Nos hemos engañado al creer que el putinismo era simplemente un régimen mafioso movido por la codicia. Es algo muy distinto. Lo que busca es crear y mostrar al mundo entero un hombre nuevo, un verdadero ruso dominado por el resentimiento, la violencia, la crasa ignorancia y el malvado orgullo de haber comprendido que la vida es una guerra de todos contra todos”.
En resumen, Koljós es un libro muy bien escrito, de amplio, actual y enriquecedor contenido que interesa y hace pensar.









