A lo largo del año 2026 se han otorgado bastantes premios relacionados con la literatura: el Princesa de Asturias a Julian Barnes, el Nobel a Anne Carson, el Planeta a Isabel Allende… De algunos de ellos ya he hablado en Opticks.
El elegido para la reseña de hoy es un premio que se otorga en la Comunidad Valenciana, dentro de un amplio conjunto de actos institucionales con los que se celebra el día de la Comunidad, el 9 d’Octubre.
Se trata del Premi de les Lletres Valencianes, que este año ha recaído en un poeta al que conocí hace mucho tiempo, gracias a la recomendación de mi amigo Manolo que me aconsejó leyera Metales pesados, un libro con el que Carlos Marzal obtuvo el Premio de la Crítica de poesía castellana en el año 2001 y el Premio Nacional de Poesía en 2002.
Con estos y otros muchos reconocimientos, en una carrera desarrollada durante cerca de cuatro décadas y marcada, especialmente, por la poesía, aunque también haya escrito novelas y artículos de opinión, el escritor valenciano se ha convertido en una de las voces y personalidades más singulares de la escena estatal y en uno de los principales representantes de la denominada poesía de la experiencia, corriente fundamental en la lírica española de las décadas de los ochenta y noventa.
En Metales pesados el poeta encara cuestiones fundamentales de la vida y el tiempo, de la conciencia y de los sentimientos, desde la lucidez y hondura de la mejor poesía reflexiva.
Resulta complicado elegir, para que los lectores puedan apreciar la calidad del libro, fragmentos de algunos de los poemas que contienen las 162 páginas de Metales pesados.
La poesía es algo tan personal y tan íntimo, que el significado de un poema variará según la persona que lo esté leyendo y hasta, incluso, de su estado de ánimo en el momento de la lectura.
Ojalá los posibles lectores aprecien en los que yo he elegido el genio creador de un poeta tan extraordinario en su manera de mirar el mundo e interpretarlo como es Carlos Marzal.
MISERICORDIA
La juventud, esa estación propensa
a las mitología y los énfasis,
en un reino inclemente. Los dueños de esta mundo,
en su poder quimérico, no saben
en qué consiste
el don de la piedad.
Los príncipes ilusos disipan su energía
por el simple placer de disiparla.
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EL DESEO EN DESORDEN
El infinito afán de tentativas
en que consiste el hecho de ser hombres,
la regla del acierto y del error
vuelta divinidad hasta forjarnos,
nos ha tejido en nuestra insuficiencia.
Con el moroso azar de nuestro método,
-esta lucha de todo contra todo,
sin más aspiración que estar en lucha-,
ha fraguado la magia de existir
en la indigente forma en que existimos.
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LA ESTATURA INTERIOR
La estatura interior es un secreto
no sólo para quienes nos miran con sorpresa,
sino para el intruso que en nosotros
asiste a nuestra vida sorprendido.
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La estatura interior nos circunscribe
a una especie difícil que sólo se alimenta
de mezquindad y sueños. Es un lastre
y el modo en que se extienden nuestras alas.
La estatura interior nos cataloga
en el álbum severo de la zoología:
la bestia equidistante,
entre el reino animal
y el reino de los dioses.
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EL CORAZÓN PERPLEJO
DESVENTURADO corazón perplejo,
inconsecuente corazón,
no dudes.
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto.
Calamitoso corazón,
alienta.
Aprende en este ahora
el pálpito que vuelve con lo eterno,
para latir conforme en valentía.
Los números del mundo están cifrados
en la clave de un sol tan rutilante
que te ciega los ojos si calculas.
Ciégate en esperanza,
errátil corazón,
suma los números.
Un orden en su imán te está esperando.







