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Perplejidades y certezas

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Perplejidades y certezas

Publicación : 18 de abril de 2018

 

Por Mª José Alés

 

Perplejidades y certezas es el título del libro de poesía que el escritor oriolano José Luis Zerón publica en la prestigiosa editorial, con sede en Oviedo, Ars poetica.

Perplejidades y certezas es el libro que debieran leer todos aquellos que pretendan conocer la poesía de José Luis Zerón,  y al mismo tiempo a la persona del hombre que escribe, por unas determinadas razones que hacen también que este libro no pueda considerarse como un libro de poesía al uso.

En principio, porque el poeta, que explica que la mayoría de los textos recogidos en él los escribió ocasionalmente al acabar el siglo XX y durante el primer año del siglo XXI, al presentar dichos textos, no habla de poemas, sino de fragmentos. Aunque estos fragmentos, algunos muy breves, poseen una enorme hondura poética: Nunca he logrado registrar con fidelidad el grito de unos ojos asombrados. El poema es un pájaro atrapado en el deseo de ascender.

En segundo lugar, por la sinceridad que se aprecia en cada uno de esos fragmentos, en los que José Luis Zerón afirma puso su vida y toda su persona pensando en los que alientan el entusiasmo en las borrascas y en todos los nómadas incorregibles que nada quieren saber de imposturas y mandangas.

Sinceridad que se concreta en un anhelo que surge muy del fondo: Quisiera hablar con la voz del principio, conjugar el verbo matinal y regresar al punto de partida, ya que la evocación impide el arraigo.

En tercer lugar, porque el libro incluye al final una serie de notas aclaratorias, de las que se vale el poeta para explicarnos el porqué de muchos de los poemas que aparecen en él: personas a las que los dedicó, momento anímico en que fueron escritos, sucesos o circunstancias que los provocaron.

Así a su hijo recién nacido: En la escuela de nacimiento fortalecerás tu capacidad de asombro. Cuanto más ames mayor será tu sufrimiento, pero no temas: la angustia también tiene sus esplendores.

Haz como tu hermana, ejercita el asombro, despliégate allí donde los demás se detienen. No seas estanque sino fuente. Los sembrados son inaccesibles. Nosotros te enseñaremos a sobrevolar los cercados.

Pese a la diversidad de destinatarios y la complejidad filosófica de muchos de los citados fragmentos, existe en Perplejidades y certezas un hilo conductor que he encontrado igualmente en otros libros de José Luis Zerón; como si se tratase de un sentir obsesivo que condiciona la percepción y alienta el sentimiento.

Este hilo o elemento común es la búsqueda de la inocencia que presidió la primigenia imagen de paisajes, en los que ya de niño, al lado de la vida, el naciente poeta intuye la presencia de la muerte, de la decrepitud: Hubo un tiempo en que no sin temor, me acercaba a los huertos para ver morir el sol en las acequias. En ese momento el agua pútrida tenía el color grana de las uvas aplastadas. Dos muertes se abrazaban y era yo estremecido una parte de ese sol desangrado.

Los huertos, los frutos en sazón, el lirio amarillo entre los ásperos matorrales de la zanja, las luciérnagas que exhiben una dulzura esmeralda detrás de los cipreses; los ojos del poeta se fijan con un asombro nuevo en el entorno amado, se embriagan de belleza.

Una belleza que el doliente adulto piensa que será efímera.

De nuevo la alternancia, la intuición de que el vacío nunca se agota, al igual que una hermosa reflexión siempre llega acompañada de un presagio de silencio.

Así, entre vigilias de embriaguez y duermevelas, de la mano de José Luis Zerón nos adentramos en un mundo onírico o realista, hostil o esperanzado, según lo presidan las perplejidades o las certezas del ser humano, a ratos dolorido y a ratos pletórico, que, pese a todo, no cesa en su búsqueda de la esquiva perfección de la inocencia.

Recobro la imagen del mundo arrancado

del instante transido de infinito.

Toda ventura resulta una ilusión. Me he hallado para no perderme en la perfección de la inocencia. 

 

 

 

 

 

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