LOS 115 PASOS DE KAIRÓS

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Tras el éxito obtenido por Imaginar a Peter Pan, libro ilustrado por Miguel Calatayud con texto de Manuel Roig, la Editorial Degomagom saca al mercado un nuevo libro, ilustrado esta vez por Miguel Cerro y cuyo texto lo ha escrito alguien que se esconde bajo el seudónimo Remo Mora.
El título de este nuevo libro es Los 115 pasos de Kairós, y en su presentación, que se realizó en Ibi, sede de la citada editorial, actúo, con una canción alusiva a la historia contenida en él y con el mismo título, el cantante de rap Abram.
Miguel Cerro es un ilustrador cordobés que conocí en el año 2015, cuando dibujó la portada del número 19 de Opticks. Desde que se inició en el mundo del diseño y de la ilustración allá por el 2008, ha evolucionado, hasta lograr un estilo del todo personal y, por lo tanto, inconfundible.
Eso ha supuesto años de trabajo, de desarrollar al máximo su talento innato para el dibujo y la creación artística. Trabajo que le ha llevado a participar en multitud de proyectos nacionales e internacionales, a contar con su propio estudio y a obtener premios tan importantes como el Internacional de Compostela de Álbum Ilustrado y a ser el único ilustrador español incluido en la Lista de Honor de la IBBY 2018.
El estilo personal de Miguel Cerro lo podemos apreciar en las ilustraciones de la obra que hoy traigo a Opticks, que responden, no sólo a su evolución como autor, sino al interés que ha ido adquiriendo por difundir un determinado mensaje. En Los 115 pasos de Kairós el mensaje resulta optimista y esperanzado, empuja a actuar, y el resultado es tan hermoso como positivo.
Un mensaje, que aunque pueda parecer sorprendente, han reconocido sin dificultad los que, de alguna manera, han tenido contacto con él. Así Remo Mora, autor del texto, o Abram, poeta, compositor y cantante de rap, que forma parte de las filas del sello alicantino Magna Records, y ha publicado una buena cantidad de canciones, incluida la que lleva el título del libro, Los 115 pasos de kairós, que impresiona por su belleza y profundidad.
Centrándonos en las ilustraciones de Miguel Cerroy el mensaje que pretende transmitir con ellas, y que el resto de colaboradores ha compartido, hay que tener en cuenta el nombre que Remo Mora da al protagonista del relato, Kairos, que en griego representa un tiempo en el que algo importante y bueno sucede.
¿Y qué es lo bueno e importante que ocurre aquí?  Pues que Kairós, un niño que no era demasiado rápido, ni demasiado hábil ni demasiado bueno jugando al fútbol, no se rinde a la primera, descubre que tiene un talento especial, en este caso para la papiroflexia, y una vez descubierto ese talento, se pone a trabajar y no se acobarda ni se encierra en casa cuando algunos vecinos rechazan o no entienden lo que hace.
¿Y por qué no se rinde y no se acobarda? Porque Kairós disfruta construyendo figuras de papel, le gusta su trabajo, pone pasión en él, cree que puede ser útil a los demás, confía en sí mismo y en el resultado de su esfuerzo.
Y así, pasito a pasito, con 115 pasos y un trabajo creativo y constante, consigue convertir un pueblo triste, en el que todo el mundo tenía prisa, en un lugar tan, tan bonito que sólo contemplando las figuras de formas y colores diferentes que adornaban las calles, la gente fue feliz, comprendiendo además que lo que hacía diferente a Kairós era una riqueza de la que todos participaban.
Lo que acabo de contar es el relato que inventa Remo Mora, porque, por otro lado, los dibujos con los que Miguel Cerro construye su historia son un texto en sí mismos, aunque el texto sea importante para los que sabemos leer. Pero aún así, cualquier persona, un niño contándola a otro niño, aunque ninguno de los dos sepa leer, podría interpretarlos. De igual modo, un adulto si se la cuenta a un niño o a otro adulto.
Y aún hay más, los dibujos son tan expresivos, que estimulan la imaginación para que podamos añadir detalles, destacar aspectos que nos parezcan interesantes, confeccionar narraciones distintas y hasta adjudicar a Kairós personalidades diferentes: el extraterrestre de Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, alguien experto en disfrazarse como Mortadelo, o el poseedor del chakra del tercer ojo, centro de la energía sutil de la conciencia y de la espiritualidad en la filosofía budista, que hace a sus poseedores personas especiales (la madre decía a Kairós que todos somos diferentes de algún modo).
Todo esto provoca que, al terminar de ver o de leer el libro, teniendo como fondo el rap de Abram, permanezca en nosotros, en mi caso así ha sido, la grata sensación de haber participado en un proyecto joven que merece la pena, presentado ahora también, como sucedió con la publicación de Imaginar a Peter Pan, en una primorosa y excelente edición.

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