Sonja Wimmer

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Hay ocasiones en las que una ilustración, un dibujo, te puede cambiar el signo del día. Así ocurrió la primera vez con Sonja Wimmer. Andaba paseando por entre los libros de Cuento de Luz (una editorial fabulosa y necesaria, de obligada parada para quien aún no la conozca) y topé con la tapa de “El cielo de Afganistan”. Hay algo de inteligente candidez, de calmada sabiduría en el rostro de los personajes de Sonja. Creé un vínculo instantáneo, una necesidad reactiva de compartir su alegría. Así comencé a conocerla a ella y a sus personajes, comencé ahondar en su desbordante felicidad. Después vino nuestra petición de que realizase una de nuestras portadas y esta entrevista, donde descubrí a la autora detrás de la obra y comprendí dónde residía el secreto de la procedencia de todas esas emociones positivas encargadas de hacer un poquito más bonitos nuestros días.

 

En 2011 publicabas tu primer cuento. Tanto el texto como las ilustraciones eran cosa tuya. “La coleccionista de palabras”, editado por Cuento de Luz, va ya por su tercera edición. ¿Cuál crees que fue el secreto de aquel cuento?

No sé si el cuento tuvo un secreto especial, no creo. Pero, por supuesto, me alegra mucho que parezca gustar a la gente.

Tal vez es porque el cuento transmite un buen mensaje. Al jugar con las palabras también es un libro que creo que se puede mirar y leer bien en el colegio con los pequeños. O por lo menos, me llegaron varios emails de profesores que lo estaban usando en sus clases, y que lo utilizaban para realizar proyectos con los niños.

¿Hacía tiempo que lo tenías en un cajón?, ¿fue en encargo?

La coleccionista de palabras fue mi proyecto final de los estudios de ilustración en La Llotja, en Barcelona. Lo fantástico fue, que al ser así, a la hora de trabajar el libro no tenía ninguna restricción en cuanto a ilustraciones, texto, formato, etc.
Por ejemplo, el hecho de que el texto este integrado en las ilustraciones, en color, y como una especie de collage en varias páginas, para las editoriales, por lo general, resulta más complicado y caro a la hora de publicarlo en otro idioma.

A pesar de eso, Ana Eulate, la que ahora es mi editora de Cuento de luz, lo vio en mi página web y tuve la suerte de que quiso publicarlo en español y en ingles. Próximamente, saldrá también en una editorial griega.

 

¿Te gustan las colecciones?, ¿coleccionas cosas?

No mucho. Soy más bien minimalista. Prefiero tener pocas cosas para poder ir más liviana por la vida. Lo único que se podría decir que colecciono, son por un lado libros ilustrados y por otro lado historias que voy leyendo y escuchando. Junto a la ilustración, la narración oral (el cuenta cuentos) es otra de mis grandes pasiones, la voy practicando siempre que puedo. Es un complemento maravilloso al trabajo más bien solitario de ilustrador.

Desde aquel primer libro no has parado de publicar. Hasta el pasado año eran 15 los libros que habías publicado, pero no ha sido hasta 2016, con “La sombrerería mágica”, cuando has vuelto al timón de texto e ilustraciones de nuevo.

Si, es cierto. No soy escritora, y me moriría de hambre si quisiera vivir de eso, porque tardo un montón de tiempo en escribir un cuento. Pero es una linda experiencia y me hace ilusión poder hacerlo de vez en cuando.

 

¿Qué ventajas tiene trabajar “sola”? ¿Te ha gustado volver a le experiencia con la que comenzaste a publicar?

La ventaja de desarrollar tanto el cuento como  las ilustraciones es que pueden crecer juntos y es más fácil que formen una unidad y se complementen, a diferencia de cuando te llega una historia ya hecha para ilustrar. Por otro lado es inspirador también hacer un trabajo en equipo. Me gustan las dos experiencias.

En las colaboraciones con escritores, no pierdes nunca tu singularidad. ¿Intentas que haya un diálogo fluido con el escritor siempre que vas a ilustrar un texto?

La verdad es que la mayoría de las veces no hay realmente un diálogo con el escritor. Me llega el texto a través de la editorial y, por lo general, la comunicación transcurre casi solo con el editor.
Pero antes de empezar con las ilustraciones paso siempre un buen rato con la historia, intentando de alguna manera “hacerme amiga de ella” para ver que quiere transmitir y saber cuál es la mejor manera de acercarme a ella con mis ilustraciones.

 

Tus trabajos van siempre orientados a un público infantil. Incluso en los trabajos en prensa se aprecia esta tendencia. ¿Cómo sucedió el dibujar para el público infantil? Dibujar para niños es también hacerlo para adultos, sin duda. Pero, ¿te ha surgido la posibilidad de cambiar de registro?, ¿lo harías?

El hecho de ilustrar para un público infantil se desarrolló casi solo. Desde mi primer álbum “La Coleccionista de Palabras”,  me van llegando sobre todo ofertas para libros ilustrados y para jóvenes lectores. Me encanta que sea así, porque disfruto mucho con estos proyectos. Sin embargo, sería fantástico poder ilustrar algo para un público adulto, de vez en cuando, donde puedo aplicar otro registro.

Se observa en tu manera de dibujar una esencia positiva. ¿Hay que serlo para dirigirse a los más pequeños?

Tienes razón, soy una persona positiva e intento que eso se refleje de alguna manera en mis ilustraciones. Me gustaría verlo como una especie de regalo para los lectores, sean niños o adultos. Vivimos en un mundo donde ya vemos demasiadas cosas negativas y feas, tanto en las noticias, películas, como en la calle etc. Creo que necesitamos urgentemente estar en contacto con un poco de poesía, belleza, cosas alegres y luminosas. Eso no significa que haya que ignorar lo que pasa en el mundo, al contrario. Pero creo que a nuestra alma le va bien y la fortalece alimentarla más a menudo con cosas positivas. 

 

En tu portafolio. En el apartado Black and White, publicas unas ilustraciones en blanco y negro publicadas en Alemania “Xlibri”, en 2010. ¿Es esa tu primera experiencia editorial?

Fue la segunda. Antes había ilustrado un libro de dichos para una empresa de viajes en autobús donde tuve que dibujar por lo menos unos 50 patos ;).

 

¿Cuál es tu relación con España?

Tengo mucho cariño por España y los españoles, que son gente muy cálida. Los años que estuve viviendo en Barcelona no siempre fueron fáciles, pero sí muy importantes e inspiradores para mí. Aprendí y conocí muchas cosas nuevas, allí fue donde comenzó mi sueño de trabajar como ilustradora.
Y aparte de eso, mi pequeña hija nació en España también.

¿Cómo te ayuda a dibujar el lugar donde te encuentres?, ¿has creado alguna relación de este tipo?, ya sea un lugar, un momento del día, la música que escuchas… ¿tienes “rutinas creativas”?, por así decirlo…

 

Según la cantidad de trabajo y fechas de entregas, pinto tanto por las mañanas, como hasta más allá de medianoche. Pero trabajo mejor temprano, por las mañanas, es cuando mi mente y el día aún están frescos.
Pintar o dibujar es un trabajo bastante solitario. Estoy muy a gusto sola conmigo misma en mi estudio. Pero igualmente, las veces que puedo, intento salir y dibujar fuera (sea en una cafetería o en la naturaleza) para “airear” un poco la mente y las ideas. Donde más me gusta dibujar es al lado de cualquier tipo de agua: el mar, un río, un lago. También me gusta mucho ver exposiciones, intercambiar con otros ilustradores, o ir a librerías y mirar libros ilustrados, para evitar quedarme estancada.

 

Se repite en muchas de tus ilustraciones esta figura ascendente, que crece hacia arriba como si se tratara de un remolino… “una diagonal ascendente”…

No me he dado cuenta realmente, pero revisando un poco mis ilustraciones, es cierto. De alguna manera ahí se refleja un poco lo que hablábamos antes: la actitud positiva hacia la vida, el intento de querer crecer con las pequeñas y grandes cosas que cruzan nuestro camino, vivir nuestros sueños…

 

¿Con qué técnicas te sientes más cómoda trabajando?, ¿te gusta variar, experimentar?

Las técnicas que más uso son el lápiz y el acrílico.
Muchas veces, las fechas de entregas no me dejan mucho tiempo para experimentar cosas nuevas, pero sí que me gusta variar y experimentar. Creo que es importante también poder encontrar de vez en cuando espacio para hacerlo, para no caer en rutinas y descubrir cosas nuevas para seguir aprendiendo.

 

¿Existe algún proyecto que lleves tiempo preparando… de esos que maduran muy poco a poco pero que significan un sueño o una meta?

Tengo dos cosas: un proyecto pequeño y un sueño más grande, que de momento aún existen solo como semillas en mi cabeza. Por eso, aún no quiero contar mucho. Sólo eso, que el primero es la idea de un libro que espero poder ir desarrollando en los huecos que tengo entre encargo y encargo (que son pequeñitos, así que puedo tardar un rato para llevarlo acabo), y lo otro es más bien un proyecto de vida, que aún tengo que ir aclarando, y donde la plasmación será solo poco a poco. Seguramente me va a llevar años, pero no pasa nada, porque me hace mucha ilusión.

Sonja Wimmer es la autora de la portada del número 21 de Opticks Magazine, Despertar. Haz click aquí para ver el número completo.

 

Por Octavio Ferrero

 

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