EL UNICORNIO

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Mi primer pensamiento, al iniciar la lectura del libro que hoy traigo a Opticks, El unicornio de Iris Murdoch, publicado por Impedimenta, fue que se parecía mucho a los escritos por Emily Brönte. Situaciones, paisajes y personajes que, utilizando de manera sabia las palabras, indican que vas a adentrarte en un mundo misterioso y dramático.
Así la novela comienza con la llegada de una joven maestra de escuela, Marian Taylor, que, cerca de los 30 años, ha decidido dar un nuevo rumbo a su vida, terminar la relación que tenía con su novio, que ni la amaba ni era capaz de hacerlo, y responder al anuncio del periódico en el que se ofertaba un trabajo de institutriz en el castillo de Gaze en Irlanda, para el que se pedían conocimientos de francés y de italiano.
Lo primero que causa desazón en Marian es la actitud de los lugareños cuando llega en tren a la población más cercana a Gaze. Después será el paisaje, famoso por sus acantilados, pero despoblado y lleno de peligrosas ciénagas y enormes monstruos fósiles. Tanto es así, que aunque no lo confiesa a las personas que vienen a recogerla en un Land Rover, Marian encontraba la vasta línea costera repelente y aterradora. Nunca había visto una tierra tan exenta de piedad hacia el hombre.
La desazón aumenta conforme se aproximan a la casa. A Marian la dominó de pronto un pánico atroz y paralizante. La asustaba mucho la idea de llegar… Temía las rocas y los acantilados y el grotesco dolmen y las cosas antiguas y secretas… Se sintió, por vez primera en su vida, completamente aislada y en peligro. Por un instante estuvo a punto de desmayarse de terror.
Pronto descubre que en el llamado castillo de Gaze no la esperan niños como ella pensaba, sino una joven y bella mujer, la Sra. Crean-Smith, Hannah, junto a la que viven los dos hombres que la recogieron a su llegada, Gerald Scottow y Jamesie; Violet, hermana del anterior que parece ser el ama de llaves, Denis Nolan, especie de criado que lleva las cuentas y unas doncellas vestidas de negro bastante espectrales.
Cerca del mal llamado castillo, que no es sino una mansión del siglo XIX construida sobre la anterior del siglo XVIII que desapareció en un incendio, existe otra más grande, ésta sí del XVIII, llamada Riders habitada a intervalos por Max Lejour, anciano profesor especialista en Platón, su hija Alice, su hijo Pip y Effingham Cooper, un amigo que les visita a menudo.
Todas estas personas participarán de muchas formas en una narración que tiene como centro a Hannah, a la que se compara con un unicornio, bello, espiritual, puro e inocente.
Poco a poco Marian descubre que Hannah vive en esa casa como en una prisión, controlada por los que la rodean a consecuencia de un suceso ocurrido hace siete años en el que su marido estuvo a punto de morir y del que ella se considera culpable. De modo que el encierro le sirve de expiación antes de que el marido vuelva de Nueva York, ciudad a la que se marchó tras esos hechos.
En el ambiente cerrado y opresivo que describe la autora: La estancia olía de manera siniestra a tiempos pasados y estaba gélida y oscura en el templado atardecer de septiembre… Había una mujer alta junto a ella. No pudo verle la cara con claridad, peo parecía tener el cabello gris claro o muy rubio o incoloro, recogido en un moño. Llevaba un vestido negro con cuello y puños blancos de encaje.
Insisto, en ese ambiente, Marián descubre que nada es lo que parece y se rebela ante el papel de víctima aceptado por la joven Sra. Sin embargo, todos a su alrededor dan la impresión de que ese papel, el sacrificio que conlleva y el amor que sienten por ella, aunque en cierto modo los esclavice, también los redime. Ate es la transferencia de sufrimiento de una persona a otra. El poder es una forma de Ate. Las víctimas del poder, y todo poder tiene sus víctimas, se ven afectadas de sufrimiento. Tienen entonces que traspasarlo, ejercer poder sobre otros. Esto es perverso, t la cruda imagen de un Dios todopoderoso es un sacrilegio. El bien no es algo exactamente carente de poder, ser una completa víctima puede ser otra fuente de poder.
He leído que Iris Murdoch admiraba a Platón y era seguidora de Simone Weil. Asi que no es de extrañar que en El unicornio aparezcan numerosas muestras de la filosofía de ambos, la religión como forma platónica del bien, la espiritualidad, el bien enfrentado a la belleza.
El unicornio tiene sólo 352 páginas que contienen tantas clases de riqueza que resulta difícil definirla: Novela gótica, cuento de hadas, tratado sobre la culpa y la redención, drama, obra filosófica, novela de intriga y suspense, novela victoriana… Cada lector encontrará la respuesta más acorde con la impresión que le ha causado.
Yo sólo digo que fui incapaz de aplazar su lectura más de lo que los quehaceres diarios me permitieron y que no será la única obra que lea de esta extraordinaria, profunda y excepcional autora.

 

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