1793

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El siglo XVIII europeo se llama también “siglo de las luces” porque en él se desarrolla La Ilustración, el movimiento cultural y filosófico que preconizaba un nuevo humanismo basado en la razón, superando la superstición y el oscurantismo de siglos anteriores.
En el siglo XVIII tiene lugar la Revolución Francesa que pretende acabar por la fuerza con el orden establecido, derivando en la implantación de un régimen de terror absoluto: matanzas, saqueos y destrucción generalizada.
En 1793, novela que hoy traigo a Opticks publicada este año 2020 por  Salamandra, uno de los personajes principales es testigo y víctima de ese terror en París.
Pero no es en París donde se desarrolla la novela citada, sino en la capital de Suecia, Estocolmo, durante el reinado de Gustavo III, rey egoísta y autoritario, obsesionado con el poder y el éxito, en cuyo reinado tuvo lugar la calamitosa guerra contra Rusia (aparece en el libro), y que al final murió asesinado en el transcurso de un baile de disfraces.
Niklas Natt Och Dag, autor de 1793 utiliza los acontecimientos históricos anteriores para construir una historia macabra, espeluznante y hasta sádica, que tiene como protagonistas principales a Cecil Winge, un abogado, lector de Rousseau y enfermo de tisis que está a las puertas de la muerte, y Mickel Cardell, soldado que participó en la guerra de Rusia  perdiendo un brazo en la contienda y que malvive ahora de taberna en taberna.
El relato se inicia con el hallazgo en las aguas malolientes y putrefactas que rodean la ciudad de un cadáver desmembrado sin ojos, lengua y dientes. La casualidad hace que  Mickel Cardell sea el encargado de sacar el cadáver del agua y que el estado que presenta despierte su interés.
Por otro lado, el jefe de policía local, que sabe que pronto será destituido porque es honrado y eso no se perdona, decida encargar la investigación de lo que considera un asesinato a  Cecil Winge, el único individuo relacionado con la ley en el que se puede confiar.
Cecil Winge y Mickel Cardell se encuentran e inician juntos una investigación que los conducirá a resolver el caso. Resolución que, junto a las lecturas de Rousseau por parte de Cecil Winge, constituyen lo único positivo de la narración y la única aproximación a la esperanzadora luminosidad del siglo XVIII.
1793 es la primera novela de Niklas Natt Och Dag y ha supuesto un éxito rotundo para el escritor sueco. Tanto, que ha decidido escribir una trilogía: 1793, 1794 y 1795.
He leído varias entrevistas que, a consecuencia del éxito obtenido, se han realizado a Niklas Natt Och Dag. En ellas habla de sus orígenes aristocráticos, que en la actualidad no le aportan nada, y de su infancia. Confiesa que fue un niño tímido y solitario que ahuyentaba sus miedos leyendo a Poe, Lovecraft y Stephen King. Dice también que se siente más cerca de las reflexiones filosóficas del marqués de Sade que de Rousseau personalidades del XVIII) y añade: “El hombre siempre ha sido un lobo para el hombre, somos caníbales y la Historia así lo refleja, la Humanidad para mí es malvada”.
Con esas ideas no es de extrañar que las escenas de extrema violencia, depravación y sadismo sean una constante en el relato.
Suciedad, miseria, borracheras, prostitución, enfermedades, incendios, injusticias, corrupción y podredumbre física y moral en general son los rasgos que caracterizaban entonces, según señala  Niklas Natt Och Dag en 1793, a la ahora pulcra y civilizada ciudad de Estocolmo y sus moradores.
Afirma el escritor que para él ha supuesto un modelo en el momento de escribir el libro El nombre de la rosa de Umberto Eco. Yo lo encuentro más próximo a las novelas de Pierre Lemaitre protagonizadas por el policía enano Camille Verhoeven que, sin llegar a la repugnancia que se siente leyendo muchos de los capítulos de 1793, en ocasiones te provocan una incomodidad que pervive en el tiempo.
Lo que ocurre es que en 1793 Niklas Natt Och Dag ha insistido tanto en lo macabro, lo repulsivo y lo espeluznante que no acabas de creer que hechos así pudieran alguna vez sucedido y la incomodidad inicial desaparece con la última página.

 

 

 

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