LA TORRE VIGÍA

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En 1966 la escritora australiana Elizabeth Harrower publicó en inglés la novela La torre vigía que pronto fue aclamada por la crítica, convirtiéndose en un clásico dentro de la literatura australiana.

En el año 2020, coincidiendo con la muerte de esta escritora, Jon Bilbao tradujo para la editorial Impedimenta la novela de Harrower, que también en nuestro país ha recibido multitud de críticas positivas.

La torre vigía narra una historia de maltrato continuado sobre dos hermanas: Laura y Clare. Laura tiene 14 años y Clare 9. Ambas están internas en un prestigioso colegio que les permitirá cumplir todas sus aspiraciones. En especial Laura, inteligente y buena estudiante que desea ser médico. Clare es aún una niña, sensible e imaginativa, muy apegada a su hermana mayor.

Pronto todo ese mundo ideal desaparece cuando muere su padre y su madre, que no siente por las niñas ningún cariño, las saca del colegio, las hace responsables de la casa y pone a trabajar a Laura con la intención de que aporte dinero a la economía familiar.

El dueño de la fábrica en la que trabaja Laura es Felix Shaw, un hombre en apariencia inofensivo veinte años mayor que ella, que se fija en la seriedad y habilidades para el trabajo de aquella jovencita y propone a su madre que se la entregue como esposa. La madre acepta encantada porque su único deseo es librarse de las dos y regresar a Londres, a pesar de que la 2ª Guerra Mundial está en marcha.

En un primer momento Laura ve esa boda como una solución para el futuro; Felix se ha comprometido a cuidar de Clare y a su lado podrán tener una seguridad semejante a la que disfrutaban en el colegio.

Pasan los días y el hombre manifiesta poco a poco su verdadero carácter. Un carácter que le hace disfrutar humillando a los que considera más débiles. Así que impide cualquier visita o relación externa, convirtiendo la casa en una cárcel en la que Laura, que además trabaja hasta la extenuación en una serie de arriesgados y controvertidos proyectos empresariales que él inicia de continuo, se lleva la peor parte.

A pesar del trabajo en la casa y en los distintos proyectos, a pesar de ser una persona inteligente y eficaz, Felix no la valora en absoluto; la desprecia y humilla ante los demás, de tal modo que destruye su autoestima y la convierte en un ser asustado, pendiente siempre de los deseos y las absurdas o violentas reacciones del marido y sin ninguna capacidad para defenderse. El maltrato psicológico y en ocasiones físico, unidos al aislamiento obligado, han terminado por convencerla de que no vale nada y de que todo se lo debe a Felix.

La situación de Clare es diferente; su juventud, que le permite asistir más tiempo al instituto, y su capacidad de soñar y abstraerse  de un ambiente hostil y degradante, consiguen que nunca deje de valorar la libertad y la autonomía de cualquier ser humano para tomar las propias decisiones, pese a la insistencia, feroz a veces, de su abducida hermana que no quiere enfadar de ningún modo a Felix, y sigue asegurando que en el fondo no es tan malo como demuestra.

Así que en paralelo, las dos mujeres muestran al lector, y en el caso de Clare añadiendo una reflexión sobre ello, los distintos caminos que han tomado en una sociedad en la que el destino de la mujer continuaba siendo el matrimonio y la sumisión total al hombre que presumía de mantenerla y procuraba que no lo olvidase.

La torre vigía es un libro muy bien escrito que hace pensar porque presenta situaciones que, por desgracia, siguen produciéndose en las sociedades actuales.

También porque el mensaje final, al menos en el caso de Clare, resulta positivo: la libertad y la autonomía personal triunfan de un modo u otro sobre la represión y el temor.

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