CELIA EN LA REVOLUCIÓN

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Durante la Guerra Civil Española, Elena Fortún, creadora del personaje de Celia en libros infantiles inolvidables, empezó a escribir, basándose en sus propias experiencias, Celia en la revolución.

El desarrollo de la guerra, el exilio y el cúmulo de circunstancia adversas vividas a lo largo de esos años, determinó que la escritora dejase en 1943 aparcado en una caja aquel borrador corregido a medias; sólo tras su muerte que tuvo lugar en 1952, al ir ordenando lo que le había pertenecido, sus familiares descubrieran las hojas escritas a lápiz.

En 1987, a los 100 años del nacimiento de Elena Fortún, la editorial Aguilar, que publicó en la década de los treinta los libros de Celia, tras un trabajo de corrección y organización del texto realizado por la profesora Marisol Dorao y los propios editores, explicado en el prólogo del libro, publican Celia en la revolución; sin que dicha publicación tuviese la trascendencia que sí obtuvo en el 2016, al ser reeditado por la editorial Renacimiento.

Elena Fortún, seudónimo de Encarnación Aragoneses de Urquijo, nació en Madrid en noviembre de 1886. Su biografía es fecunda e interesante, ya que se trata de una persona con grandes inquietudes culturales y pedagógicas; faceta que cultivó bajo las directrices del Instituto Escuela y la Institución Libre de Enseñanza, desarrolló en contacto con los intelectuales de su época y demostró en  libros y colaboraciones literarias en las más importantes revistas.

Hija única, huérfana de padre a los 18 años, casada poco después con un primo segundo militar republicano, demuestra en sus escritos y estilo de vida que no está conforme con las limitaciones de todo tipo a las que estaban sometidas las mujeres de su tiempo. Limitaciones que la 2ª República intentó erradicar utilizando la educación como principal medio, por lo que Elena Fortún fue una de sus defensoras. Este republicanismo que compartía con su marido, determinó que en 1939, él marchase al exilio y ella le siguiese meses después.

Celia en la revolución tiene cantidad de detalles autobiográficos. Está escrito en primera persona por Celia, a punto de cumplir 16 años, que vive en Segovia con su abuelo, sus dos hermanas pequeñas y la fiel criada Valeriana.

Al estallar la guerra, el abuelo, que ha entregado armas a los que defienden la República, es fusilado, por lo que los criados sacan a las niñas de la ciudad e intentan que se reúnan con su padre en Madrid, ciudad en la que descubren que el padre se ha alistado y han de alojarse en casa de Julia, su tía paterna.

Pero Madrid no es la ciudad que Celia recordaba, está sucia, llena de gente mal vestida y de multitud de refugiados. Nada funciona con normalidad. A su primo Gerardo, que es de Falange, le denuncia una sirvienta y le fusilan. Su tía Julia va a reconocer el cuerpo y también desaparece. Celia, Valeriana y las niñas se trasladan a la casa que su padre tenía en Chamartín e intentan sobrevivir como pueden; así que la jovencita se ve obligada a madurar en unas circunstancias que no entiende.

De ahí en adelante, a lo largo de muchas páginas, la guerra en Madrid se convierte en la espeluznante protagonista de la historia: los saqueos, el hambre, las checas, los fusilamientos, los bombardeos y Celia visitando a su padre que ha sido herido y está en un hospital tan desorganizado como el resto de instituciones, buscando alimentos que sacien el hambre que padecen a todas horas, alojando a refugiados, cuidando niños junto a una amiga en un albergue infantil, huyendo de las bombas y los tiros en un Madrid destrozado y a oscuras y preguntándose una y otra vez el porqué de aquel horror.

Pero no sólo Madrid está presente en el relato, también Valencia, a donde el padre, una vez recuperado, envía a Valeriana con las dos pequeñas, pensando que allí estarán a salvo, pero de donde salen junto a otros niños  en un recorrido que pasa por Albacete y Barcelona y que seguirá Celia para encontrarlas. Algo que no consigue, porque cuando llega a la ciudad, el grupo se ha marchado.

En las ciudades que visita buscando a sus hermanas y en el contacto con las personas que viven en ellas, Celia experimenta la guerra de las más variadas formas, aunque siempre encuentra buenas gentes que le ayudan, pese a sentirse tan sobrepasados por la situación como ella.

Se multiplican las anécdotas y los sucesos dramáticos, descritos con tal realismo, que entendemos que Elena Fortún los vivió en realidad.

El libro termina en Valencia, cuando Celia, que sabe que sus hermanas y Valeriana están en Francia y que su padre se ha exiliado, embarca en un carguero para ir a reunirse con él.

Mientras leía Celia en la revolución, pensaba en dos autores que han escrito libros diferentes de éste en cuanto al contenido, pero intentando ser objetivos en lo concerniente a la Guerra Civil y con un espíritu de concordia. Se trata de Manuel Chaves Nogales y su obra A sangre y fuego y de Clara Campoamor y su obra La revolución española vista por una republicana.

Salvando las distancias de que Elena Fortún haya elegido para expresarse a una adolescente, como dice Marisol Dorao en el prólogo del libro. “Nadie podría acusarla de partidista ni de tendenciosa. Porque ella no juzga: trata de relatarlo todo de la manera más objetiva, sin omitir detalles y sin dejar de preguntarse quién tiene la razón. Ella se limita a contar lo que vivió, a poner en los labios de una adolescente un dolorido asombro ante aquella sangrienta, absurda y, esperemos que irrepetible, lucha fratricida que fue nuestra guerra civil”. 

 

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