LA ANALFABETA

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Hoy traigo a Opticks el libro de una autora que, como Sándor Márai, nació en Hungría. Se trata de La analfabeta. Fue editado en 2015 por la editorial S.A. Alpha Decay y la autora es Agota Kristof.

Agota Kristof nació en el año 2035 y abandonó su país, dominado por los comunistas, en 1956.

Sándor Márai  había salido de la Hungría invadida en 1948. Quizá la niña, que aprendió a leer muy pronto, conoció las obras del famoso escritor antes de que fuesen prohibidas por los ideólogos del Partido.

O quizá no. La analfabeta tiene poco que ver con ¡Tierra, tierra! Empezando por el número de páginas, 64 frente a 448 , y prosiguiendo por el contenido, que en el primero se reduce a once momentos importantes en la vida de la escritora; y en el segundo son varios los años de observación y análisis de una situación determinada los recogidos por el autor.

Sin embargo, obviando lo anterior, sí que podemos señalar tres coincidencias en las obras citadas de ambos autores. La primera, el rechazo al régimen comunista. La segunda, la tragedia del exilio. La tercera, el amor a la lengua materna expresado en los libros de los dos.

Sándor Márai, que hablaba a la perfección varios idiomas, se negó a escribir en otra lengua que no fuese el húngaro. En ¡Tierra, tierra! dedica bastantes páginas a ese idioma: sus orígenes, sus dificultades; su relación genealógica únicamente con el finés, entre las muchas lenguas europeas.

Agota Kristof se refiere así a la lengua que aprendió de niña: Al principio, no había más que una sola lengua. Los objetos, las cosas, los sentimientos, los colores, los sueños, las cartas, los libros, los diarios estaban en esa lengua.

Yo no podía imaginar que pudiera existir otra lengua, que un ser humano pudiera pronunciar una palabra que yo no comprendiera.

Cuando Alemania invadió Hungría, les hicieron aprender alemán. Con la invasión rusa, el ruso fue obligatorio. Agota Kristof las consideró siempre lenguas enemigas. De hecho, su lengua de escritora conocida fue el francés.

Volviendo a La analfabeta, que es un relato autobiográfico, impresiona la capacidad que tiene la autora húngara para expresar tanto con frases cortas y muy sencillas.

Son frases pensadas en las que refleja sentimientos profundos y situaciones significativas en su vida. Todo ello en las 64 páginas que recogen esos once momentos que considera fundamentales.

El primero se titula Inicios y en él aparece, además de su amor por la lectura, sus hermanos, uno mayor y otro más pequeño, su madre; el abuelo, orgulloso de lo bien que leía su nieta, las travesuras y los juegos familiares.

 Leo. Es como una enfermedad. Leo todo lo que me cae en las manos, bajo los ojos: diarios, libros escolares, carteles, pedazos de papel encontrados por la calle, recetas de cocina, libros infantiles. Cualquier cosa impresa.

Tengo cuatro años. La guerra acaba de empezar. Vivimos en un pueblecito que no tiene ni estación, ni electricidad, ni agua corriente, ni teléfono.

Mi padre es el único maestro del pueblo.

Con la invasión rusa todo acaba. Pierden la casa, el padre es encarcelado y ella y su hermano mayor son internados en colegios distintos. La disciplina del centro, el adoctrinamiento, la imposibilidad de encontrar libros distintos a los que impartían las nuevas consignas, la soledad.

Empieza a escribir un diario. Anoto en él mis desgracias, mi pesar, mi tristeza, todo lo que por la noche me hace llorar en silencio en la cama.

Lloro la pérdida de mis hermanos, de mis padres, de la casa de la familia, en la que ahora viven unos extranjeros.

Lloro, sobre todo, mi libertad perdida.

Pasa el tiempo. Años cincuenta. Exceptuando algunos privilegiados, en nuestro país todo el mundo es pobre. Algunos, incluso, son más pobres que otros. Ella es de estos últimos.

Con veintiún año y una niña de meses, atraviesa junto a su marido y un pequeño grupo de personas el límite entre Hungría y Austria. Desde allí, llegarán a Suiza como refugiados.

Narra aquí sus vivencias, no siempre gratas pese a la buena acogida, en países cuya lengua desconocía. De ahí el título del libro, sin poder leer en los nuevos idiomas, se consideraba analfabeta.

También huye de la Hungría ocupada Sándor Márai. Resume su partida en una frase: Por primera vez tengo miedo.

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