IMAGINA QUE…

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El libro de hoy, cuya lectura se recomienda a partir de 5 años, se titula Imagina que… , está escrito por Andre Marois, el ilustrador es Gerard Dubois  y la edición corre a cargo de la editorial Libros del Zorro Rojo.

Tanto el ilustrador como el escritor son franceses, residen en Montreal y su valía y prestigio en la labor que les ocupa está reconocido internacionalmente con numerosos premios.

También es prestigiosa la editorial que publica la obra, por el cuidado y el mimo que pone en cada una de sus publicaciones.

Con semejantes artífices, no es de extrañar que este Imagina que… sea una obra muy especial que contribuirá a despertar la imaginación de los pequeños con la historia de dos hermanos, un niño y una niña, a los que su padre, granjero, los envía a divertirse en una preciosa y soleada mañana. La diversión consistirá para ambos en imaginar que…

Así un árbol se convertirá en castillo, la casa del árbol servirá de momentáneo cobijo, un inofensivo pájaro será el fiero atacante de su fortaleza y habrá que vencer al espantapájaros que vigila la huerta, transformado en el gigante Calabazón, hasta llegar a reinar como reyes de las calabazas.

Con todos los éxitos obtenidos, aumenta el entusiasmo de los niños que abren las jaulas de los conejos, amenazadores zombis; viajan a Marte en una carretilla, se enfrentan a una terrible manguera serpiente, sufren un ataque marciano, liberan a las gallinas porque aman la libertad, etc., etc.

En resumen, a su paso, todo en los alrededores de la granja queda patas arriba, y el lector espera la furibunda reacción del padre cuando contemple el desaguisado.

Las ilustraciones, de gran expresividad y con el ritmo acelerado que requiere la historia, parecen pertenecer a algunos de los libros que leía de niña, por el colorido, el trazo, los rostros y la manera como van vestidos los protagonistas de la misma.

Sorprende que Gerard Dubois, no sé si acostumbra a hacerlo, cuadricule la piel de los protagonistas con pequeños cuadritos blancos y rojos; quizá para indicar que se trata de personajes ficticios y que, por mucha imaginación que se ponga en los juegos, ojalá se jugase más en estos tiempos tan tecnológicos,  hay que considerar siempre las consecuencias.

Por Mª José Alés

 

 

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