EL TIEMPO ES UN CANALLA

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En el transcurso de mi ya larga vida lectora, unas veces aconsejada por mi amigo Manolo y otras por propia iniciativa, he leído bastantes libros que habían recibido el Premio Pulitzer.

A muchos les doy la calificación de inolvidables: El color púrpura, La carretera, La conjura de los necios, El jilguero, Matar a un ruiseñor, El viejo y el mar, Ejercicios respiratorios…

La enumeración podría seguir, quizá porque su contenido me impactó en el momento y no me resultó demasiado difícil de leer y resumir, lo que contribuye a recordarlos.

Caso distinto es el Premio Pulitzer que he elegido esta semana, tras la lectura de una entrevista que hacían a la autora, Jennifer Egan, con motivo de la publicación de una nueva obra, La casa de caramelo, en la que aparecían personajes de la anterior, El tiempo es un canalla, que es la novela que hoy raigo a Opticks y que no me ha resultado especialmente amable porque considero lejanas a mis intereses las cuestiones que trata.

El tiempo es un canalla está editado por Salamandra y recibió el Pulitzer en el año 2011. Se estructura en trece capítulos algunos de los cuales ya habían sido publicados en revistas, por lo que se pueden leer de forma independiente, aunque haya personajes que coincidan en varios de ellos.

El tema central es el paso del tiempo, sobre todo, para los músicos de rock, ya que el personaje que podríamos considerar protagonista es Bennie Salazar, un promotor ejecutivo de esta clase de música que en su adolescencia formó parte de una banda de punk; ahora es alto ejecutivo de la decadente industria discográfica, ha vendido su sello a una petrolera multinacional y considera que el tipo de música que lanza al mercado es una mierda.

Junto a Bernie está su asistente, Sasha, cleptómana que aparecerá como el mismo Bernie en diversos capítulos de la novela.

La estructura de El tiempo es un canalla no es lineal,  sino que va de delante atrás y de atrás adelante sin un orden determinado y extendiéndose desde finales de los 60 hasta la época actual.

Tampoco la manera de narrar sigue un orden. Se narra en primera persona, en tercera y con un narrador omnisciente.

Por todo lo anterior, a determinados personajes los encontramos de niños, de adolescentes, adultos y viejos.

En las historias narradas abundan las drogas y, salvo pocas excepciones, son habituales los fracasos, las relaciones fallidas, los divorcios y las penalidades.

Jennifer Egan justificó el título del libro explicando que “el tiempo es el sigiloso canalla que ignoras porque estás ocupado preocupándote de gente canalla”

A pesar de la complejidad, o tal vez por eso mismo, el libro es de una gran riqueza. En él encontramos desde la descripción de un safari en Kenia con humor, crítica y dramatismo simultáneos; hasta la rocambolesca historia de un general que ejerce la dictadura en su país y al que es preciso humanizar presentándolo en compañía de una preciosa joven, actriz olvidada, que se contrata para la ocasión y sale respondona; o el viaje a Nápoles que realiza el tío de Sasha, en busca de su sobrina que se fugó de casa con diecisiete años, en el que recorre la ciudad, visita museos y se queda abducido ante la escultura de Orfeo y Eurídice.

Otro recurso original de la autora es, al introducir un personaje en el relato, exponer con brevedad su vida posterior. Como el jefe de una tribu de Kenia cuyo hijo termina estudiando en la universidad de Columbia; todo ello contando con agilidad y en pocas líneas.

Por ser original, hasta presenta uno de los últimos capítulos de la obra en forma de Power Point.

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