LOS OJOS DEL HERMANO ETERNO

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En estos tiempos nuestros tan extremos donde surgen por doquier modas y modos que, en muchos casos, buscan el enfrentamiento y en otros, simplemente desconciertan, ayuda a caminar con paso firme, o al menos sin tropezar demasiado, la lectura de un libro como el que traigo a Opticks.

Se titula Los ojos del hermano eterno, lo escribió Stefan Zweig, está editado por Acantilado y lo tradujeron del alemán J. Fontcuberta y A. Orzeszer.

Stefan Zweig caminó con paso firme toda su vida; y cuando el suelo sobre el que pisaba, en un mundo en el que creía, dado su imparable avance, iba a dominar el nazismo, se suicidó. Era el año 1942.

Stefan Zweig, había nacido en Viena en 1881 dentro de una familia de la alta burguesía judía. Disfrutó y aprovechó las oportunidades culturales que su clase social ofertaba. A los 18 años publicó su primer ensayo. De ahí en adelante, conseguido el Doctorado de Filosofía, su fama no dejó de crecer. Durante décadas fue uno de los escritores más leídos de todo el mundo.

Son muchos los libros que recomiendo del escritor vienés: Carta de una desconocida, Impaciencia del corazón, Mendel, el de los libros, Momentos estelares de la humanidad, La curación por el espíritu, El mundo de ayer

En todos ellos muestra una extraordinaria capacidad narrativa; su pericia y delicadeza para describir los sentimientos es notable y su elegancia como narrador lo hace inconfundible.

Además de lo anterior, Stefan Zweig fue un pacifista. Viajero incansable, nunca entendió los nacionalismos que reducen tu espacio y cosifican al que tienes enfrente. Así que resulta del todo lógica su reacción ante el auge del nazismo, cuyos efectos padeció de forma directa, debiendo abandonar su casa y su país como un refugiado más sin historia. Todo ello lo narra en El mundo de ayer, una obra que considero imprescindible y debería ser de lectura obligatoria como vacuna para los radicalismos de cualquier clase.

Pues bien, la obra que titula Los ojos del hermano eterno es una pequeña muestra de la forma de ser y de pensar de Stefan Zweig. Con el tono y el ritmo propios de una leyenda oriental de antes de los tiempos de Buda, tiene como protagonista a un guerrero llamado Virata, al que llamaban por su valentía e intrepidez “El Rayo de la Espada”.

Virata estaba al servicio de un rey Rajput, tenía mujer, hijos y siervos, “la frente serena y nunca bajaba los ojos ante las preguntas de los hombres; jamás se le vio cerrar la mano en un puño malintencionado, ni se oyó su voz alzada en un rapto de cólera”.

Un día, sin embargo, la desgracia se cernió sobre el rey al que servia. El hermano de su esposa, al que el soberano había nombrado administrador de la mitad de su reino, lo codiciaba entero y avanzó con un ejército para apoderarse de el.

El rey puso a Virata al mando de las tropas que le eran leales y éste, con valor y astucia, sofocó la rebelión. Pero al recorrer a la mañana siguiente de la lucha el campo de batalla, comprobó que uno de los muertos por sus propias manos durante la noche era su hermano mayor, “cuyas cuencas negras en los ojos abiertos lo penetraban hasta la médula”.

Virata, horrorizado por lo que había hecho y la acusación que leía en los ojos de su hermano, se presenta ante el rey y renuncia a todas las prerrogativas de general victorioso.

Después emprende un camino en busca de la libertad y la tranquilidad de espíritu, hasta llegar a la autorrealización, para lo cual ha de atravesar diversas etapas, narradas todas ellas por Stefan Zweig con una belleza y profundidad tan especiales que conmueven y hacen pensar.

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