EL RECLAMO

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El pasado martes, 10 de marzo, murió en Madrid Raúl del Pozo. Son muchos los compañeros y amigos que han hablado de él en términos siempre admirativos.

También yo, desde mi humilde orilla en Opticks, quiero rendirle un pequeño homenaje comentando el libro que le valió la obtención del Premio Primavera de Novela 2011 otorgado por la editorial Espasa. El libro se titula El reclamo.

Leí El reclamo el año de su publicación. Ahora he vuelto a leerlo y puedo decir que su contenido continúa siendo tan actual como entonces, es decir, la obra no ha envejecido en absoluto.

Creo que son varias las razones para esta total y absoluta vigencia. La primera es que Raúl del Pozo escribió El reclamo cuando había cumplido 75 años. Una edad en la que, si a lo largo de tu vida has dejado tiempo para las preguntas, sueles huir de todo sectarismo y miras al pasado con menos juicios y más condescendencia.

El historiador debe colocarse en lo alto de las murallas de la ciudad asediada, abrazando con su mirada a sitiadores y a sitiados”.

La memoria histórica aparece en el libro, pero no desde un punto de vista de partido ni de hurgar en los fantasmas y en los huesos”.

La segunda es el tema central de la novela: los maquis, el grupo guerrillero que en las tierras del interior de España quiso cambiar el curso de una historia cuyo final había sido fijado de antemano por los que se consideran vencedores.

Todos sabían que nadie saldría vivo de la serranía, pero necesitaban mártires”.

La tercera razón es la manera elegida por el escritor para desarrollar lo tratado: un viaje que se inició a orillas del río Paraná en América del Sur, desde el momento presente hacia las experiencias no demasiado amables del pasado.

A orillas del Paraná residía junto a su esposa, la doctora polaca Irene Gretkowska, Julián, el de Colás, antiguo guerrillero que en 1939 formó parte del maquis. Al Paraná va a buscarle un investigador norteamericano que desea escribir sobre dicho grupo y le ofrece viajar a España con todos los gastos pagados para que le ayude en sus pesquisas.

Se inicia así un viaje, desde el exilio del presente, hacia los lugares en los que en la posguerra operó el maquis en las provincias de Cuenca y Teruel a orillas del Júcar.

Raúl del Pozo nació en Mariana (Cuenca). Por lo tanto ese viaje supuso también el personal regreso del autor a su adolescencia y a su infancia. Muchos de los personajes que aparecen forman parte de su propia biografía y también de la historia de España, lo que provoca que en la novela se haga perentorio un tono melancólico y nostálgico, en ocasiones tierno, mientras recobra vocablos poco usuales hoy.

Le cuento que en estos cerros puede escucharse el viento porque habla. Relataban los viejos que en otros tiempos se oía el caramillo del pastor, durante el día, las perdices, las tórtolas, los ruiseñores, los jilgueros, y por la noche, el cárabo y las zumayas servía de guías al caminante o saltaban delante de él en su vuelo. En la ribera del río se criaban grillos de colores”.

El investigador pretende averiguar qué fue de algunos de los hombres que integraban la partida de la que formaba parte Julián, lo que da pie a que conozcamos el modo en que vivían ellos y otras personas de la zona, perseguidos y perseguidores.

Me acuerdo de los que durmieron como alacranes: los guardias y los de las partidas. Los guardias no tenían ni siquiera linternas. Iban con gorros de tela, no de charol. La nieve fue la mortaja de unos y otros…”.

Me vienen a la mente aquellos días… Paso por el molino donde, de noche, acarreábamos sobre las mulas costales de trigo y volvíamos con costales de harina. Veo los pájaros descendientes de aquellos que cazábamos con criba en los nevazos.

¿Qué es el pasado? Unas sábanas que aún mojadas se lleva el viento, las piernas de la chica que las tiende, el vuelo majestuoso de un buitre anunciando la muerte como otras veces las campanas que doblan, el aceite blanco de la orza de los chorizos y los huevos de las gallinas en los nidales, el olor a riada, el romper a volar una banda de perdices, los tiros que hacen eco en el Pedrón y luego van brincando por la cresta de todos los cerros hasta hundirse en las umbrías…”.

La melancolía y la nostalgia, también el desencanto, en una novela que, en palabras de su autor: “Está escrita con el corazón. Supuso una catarsis en la que he sacado los demonios y también los ángeles”.

Ellos ya te acogieron, Raúl del Pozo. Los demás, los de por aquí abajo, lectores de tus libros y columnas, oyentes fieles de “Viva el vino”, seguimos disfrutando, mientras se nos permita, del regalo vital de la escritura.

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