Hablo con un amigo sobre el libro que traigo hoy a Opticks. Le comento que, dada la riqueza argumental, informativa y léxica de sus páginas, el contenido serviría para diferenciar y publicar cuatro narraciones distintas.
Le digo también que su lectura me ha recordado los libros de viajes de Javier Reverte, así como Ébano, obra sobre África escrita por el periodista polaco Ryszard Kapuscinski.
El libro se titula Todas las muertes de Héctor Quintana, su autor es José María Ramírez Mellado y lo publica la Editorial Club Universitario.
El considerar que de este libro podríamos extraer cuatro, se debe a que son cuatro los lugares en los que se desarrolla la historia protagonizada por Héctor Quintana Atieno.
Para mayor concreción, no son cuatro, sino siete. Tres de estos lugares: la vivienda del protagonista, el lugar del accidente que sufre y el hospital en el que permanece ingresado, de los que no adelanto datos para no estropear el final tan inesperado como sorprendente, aunque más breves en su desarrollo, son los que dan unidad a las narraciones de mayor extensión.
Héctor Quintana es “un hombre joven más o menos en los cuarenta, delgado, viril, rostro delineado, estructura de gimnasio, abdomen discreto, pelo liso, peinado hacia atrás, ligeras entradas. Se podría decir que bien parecido. Facciones agradables y proporcionadas. Traje azul de lana elástica. Corbata de listas azules y plateadas. Es un ejecutivo por dentro y por fuera. Expresa la imagen misma de la diligencia”.
Esta detallada descripción del personaje principal es un ejemplo de la manera de escribir de Ramírez Mellado que permite visualizar sin dificultad alguna todo lo que describe: personas, situaciones, paisajes…
Héctor Quintana deja en casa a su madre y a su esposa y se dirige en automóvil al trabajo. El tráfico es intenso; y en la carretera C-821 de Santa Faz a San Vicente del Raspeig, se ve involucrado en un accidente, por el que queda en coma en la UCI del Hospital General de Alicante.
También aquí el autor explica con detalle el accidente, los daños físicos y psicológicos que sufre el accidentado y los tratamientos médicos que el estado en que quedó requiere.
A partir de ese estado, digamos vegetativo, las historias desarrolladas por Ramírez Mellado se asemejan a las que contienen los libros de viajes de los citados escritores.
El primer viaje es a Afganistán. Allí Héctor Quintana despierta cerca de una de las bases que las tropas occidentales establecieron en el país en el año 2001. Recobra el conocimiento aturdido. Está ensangrentado y con una daga tradicional en la mano. Recogido por un afgano que sirve en la base, le trasladan a la enfermería. Los acontecimientos se suceden al mismo tiempo que el autor relata todo lo que podía saberse del territorio y sus circunstancias en aquel tiempo.
Describe el paisaje, el clima, las costumbres, los vestidos, las viviendas, los alimentos, el momento histórico con la retirada de las tropas occidentales, los enfrentamientos entre clanes, etc. Sitúa al lector en el lugar y el instante descrito y utiliza nombres y términos en árabe, lo que da idea de la exhaustiva documentación que ha debido consultar para hacerlo.
“Uno de los personajes más famosos en Persia y Afganistán es el héroe Rostam… Su historia se narra en la Shahnameh o El libro de los reyes, escrita por el venerado poetaAbul-Qâsem Ferdowsi Tusi.Rostam es un personaje célebre por su fuerza y coraje”.
Tras Afganistán viene el Tíbet, la zona que pertenece a la India.
“Un largo camino de piedra y polvo iba atravesando el valle del río Nubra, que es el huerto de Ladakh. Está repleto de lugares semiderruidos sobre promontorios que fueron castillos de defensa, numerosas estupas, monumentos funerarios o conmemorativos llenos de mandalas y pinturas iconográficas, algunos con tambores de oración, así como lo que llaman caballos de viento de múltiples colores o lungta: ristras de banderas de plegarias con imágenes y mantras colgadas formando una especie de tienda abierta”.
De nuevo la reseña de acontecimientos y explicaciones sobre geografía, meditación, medicina tradicional, templos, festivales religiosos, etc. Más o menos en el esquema del viaje anterior, alrededor de unos personajes compasivos que ayudan a Héctor Quintana en sus tribulaciones hasta que el tercer viaje se produce.
En este caso despierta en el continente africano, en Kenia, cerca de Nairobi.
“Estamos en Kibera. Un barrio de chozas, cabañas, chabolas, como prefieras, un slum en el que la gente ha ido edificando sus viviendas como Dios le ha dado a entender. Con un millón de habitantes o más”.
El lugar no resulta tan luminoso y salvífico como el Tíbet, pero siempre hay personas dispuestas a ayudar a los que nada tienen. Héctor Quintana las encuentra y se incorpora al grupo solidario. Al mismo tiempo el autor continúa informando sobre el territorio en todas sus facetas con un despliegue de datos otra vez exhaustivo.
“Varios tenderetes en medio de la calle, reducidas mesas de madera o de chapa, una con pollos enteros desplumados y descabezados, otra con un enorme montón de pescaditos diminutos, cientos de moscas sobrevolándolos; una verdulería, más allá una carnicería, cuatro o cinco enormes piezas de carne de ambigua procedencia a la vista…”.
El cuarto viaje, que será el final, sitúa también al protagonista en África, al oeste, en tierras mauritanas. “Nèma está ubicada en el sudeste de Mauritania, en la franja denominada Sahel, que quiere decir “costa”, aunque también pudiera traducirse como “borde”; es un espacio fronterizo con el desierto del Sahara… Esta región se llama Hodh El Charqui. Aquí las sequías son cada vez más largas y las lluvias, que ya no vienen con regularidad, cada vez más escasas. Cultivar la tierra se hace más y más difícil, el pasto para el ganado más arduo de encontrar. El hambre amenaza a los lugareños, muchas familias se ven empujadas a emigrar”.
Releo lo que he escrito hasta ahora y temo no haber sabido transmitir la enorme riqueza que aporta al lector Todas las muertes de Héctor Quintana.
Por ello aconsejo una lectura pausada del libro. Seguro que, además de disfrutar y aprender mucho, terminan preguntándose, como lo he hecho yo, a tenor de las especiales características de la obra, si José María Ramírez Mellado ha vivido algunas de las situaciones que describe y visitado los lugares en los que se desarrollan.








