UNA MUJER

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He leído varios libros de la Premio Nobel de Literatura 2022 Annie Ernaux. Mi preferido entre todos fue Los años; el resto los consideré demasiado “fríos”. Los acontecimientos de los que hablaba en ellos, siempre muy personales y a mi parecer graves, no parecían tener detrás una implicación emocional significativa.

Sin embargo, en la breve obra (107 páginas), que hoy traigo a Opticks, titulada Una mujer y publicada por la editorial Cabaret Voltaire, la implicación personal y emocional es total.

Una mujer es el homenaje póstumo que la escritora francesa hace a su madre, muerta el 7 de abril de 1086, en un libro iniciado a las tres semanas de la inhumación de la misma. Siente la necesidad de emprender ese proyecto literario porque piensa que encontrar la verdad sobre la persona que acaba de desaparecer sólo puede hacerse a través de las palabras.

Es la razón por la que las páginas de Una mujer están llenas de verdad. Los sentimientos que expresa Annie Ernaux en ellas: desconcierto, dolor, admiración, rabia, pérdida, amor, ternura, culpabilidad, vacío, son verdaderos.

El repaso a la figura materna lo inicia Annie Ernaux en el momento de su nacimiento. Fue la cuarta de seis hijos, nacidos en 1906 en Yvetot, una ciudad fría entre Rouen y Le Havre. De padre carretero y madre tejedora a domicilio, estaba orgullosa de haber nacido en una ciudad y no en el campo. Esa faceta de su carácter: orgullo, dignidad, búsqueda de mejores perspectivas de vida, gusto por la religión, capacidad de trabajo, fueron valores que recibió en su casa y conservó hasta que la enfermedad de Alzehimer, cuya progresión la autora describe con detalle, destruyó su memoria y su integridad intelectual y física.

Casada en 1928 con un trabajador de una cordelería, alto y apuesto, que se hubiese conformado viviendo con lo justo, se convirtió en la voluntad social de la pareja. Montaron un bar y una tienda de ultramarinos, prosperaron. Nació una hija que murió de difteria. A los dos años, en 1940, nació la autora. Vivieron la guerra. Volvieron a montar el bar y la tienda de ultramarinos en otro lugar y alcanzaron poco a poco una situación superior a los obreros de su entorno.

Ese deseo de prosperar, de subir en la escala social, hizo que matriculasen a Annie en un colegio privado y que el rendimiento positivo en los estudios resultase algo primordial para sus padres.

En 1967, licenciada ya Annie, casada, con un hijo y ocupando una posición acomodada, murió su padre de un infarto. En 1970, su madre vendió la tienda y se fue a vivir con ella y su familia: el marido y un segundo hijo.

En alguno de los otros libros que he leído, Annie Ernaux habla del conflicto que le suponía visitar las casas de sus acaudalados compañeros, conocer a sus cultos padres y regresar luego a su propio hogar. Aquí dice: “Me costó mucho tiempo entender que mi madre sentía en mi propia casa el mismo malestar que yo de adolescente”, en los “medios mejores que el nuestro”. Ahora, observando a su madre, sus ganas de comportarse del modo como lo hacen los demás en ese nuevo ambiente, su esfuerzo por ser útil, porque no la consideren una carga, va entendiéndola y entendiéndose. Atrás quedan los enfrentamientos adolescentes que pudo mantener con ella. Alaba su afán de superación, su entrega a los nietos y se dedica a destacar todo lo bueno que va descubriendo.

Esa nueva valoración de la figura materna conduce a que la escritora se preocupe mucho más por su bienestar, la visite cuando la enfermedad provoque su ingreso en un residencia y sienta la necesidad de escribir sobre ella, al hacerse el peso de la ausencia insoportable.

“Esto no es una biografía ni una novela, quizá algo entre la literatura, la sociología, y la historia. Mi madre, nacida en un medio dominado, del que quiso salir, tenía que convertirse en historia para que yo me sintiera menos sola y falsa en el mundo dominante de las palabras y las ideas al que, según su deseo, me he pasado”.

“Ya no volveré a oír su voz… Perdí el último nexo con el mundo del que salí”.

Ese mundo, el mundo de la madre, es el que Annie Ernaux pretende rescatar como homenaje a su figura en este libro.

 

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