Con el de hoy, titulado La familia y publicado por Anagrama, son tres los libros que he leído de la escritora sevillana Sara Mesa. Los anteriores fueron Un amor y Oposición, ambos comentados en Opticks.
Son tres libros muy diferentes, pero que comparten cualidades o características que, según mi parecer, identifican a esta autora.
La primera característica o cualidad es que Sara Mesa escribe muy bien; por lo que consigue atrapar con sus textos al lector, que se ve envuelto casi siempre en un ambiente inquietante difícil de analizar con palabras exactas, ésta sería otra característica, en el que los personajes no se sienten cómodos ni “realizados”, sino que buscan escapar, tercera característica, de situaciones, buscadas o no, que les sobrepasan u oprimen.
En el caso de La familia es en el interior del hogar familiar en el que se da ese ambiente opresivo que intuimos desde las primeras líneas.
Mírala desde el ojo del sueño. El pasillo como centro geográfico y frontera. Estancias a los lados. Recórrelo, sin ser vista, de una punta a otra. O cruza, de una habitación a la de enfrente, mediante un salto limpio. Arriésgate a entrar. Quizá ya hay alguien dentro, no lo sabes. En caso de que sí, calla, recula. En caso contrario, no eches el cerrojo. No hay cerrojo.
La familia descrita en el libro se compone de un padre, una madre, tres hijos (dos chicos y una chica) y una sobrina adoptada.
El padre, que se considera discípulo de Gandhi al que idolatra y nombra de continuo, trabaja en un bufete de abogados y pertenece a una organización humanitaria de la que conocemos pocos datos pero para la que debe efectuar colectas.
La madre, que se pliega a las directrices del cabeza de familia y esconde sus apetencias y deseos para no interferir en el proyecto familiar que él ha diseñado.
Los hijos y la sobrina, que intentan adaptarse a las circunstancias cada uno a su modo. Adaptación que esconde rebeldías y se apoya progresivamente en el disimulo, la mentira y el silencio.
La novela avanza y retrocede desde el principio hasta el final. Hay capítulos que presentan a los hijos adultos y muestran cómo se han desarrollado sus vidas.
Otros, en los que aparecen situaciones que vivieron de niños que tal vez podrían explicar lo que ocurrió más tarde.
Incluso, los hay con personajes que no forman parte de la familia, pero se relacionaron o relacionan con alguno de sus miembros.
En general, la visión que se da de las personas que encontramos en la novela es más condescendiente que negativa. La autora no profundiza en motivaciones ni juzga con precisión comportamientos
Es más, nadie actúa por maldad, todos parecen tener buenas intenciones. Sin embargo, una especie de nebulosa impide penetrar hasta el fondo en lo que mueve a un conjunto de seres sin más asideros morales que su propio interés, en el caso de los hijos y allegados; o el deseo de aparentar, quedar bien y tranquilizar, en cierto modo, la conciencia, en el de un padre atormentado en sus contradicciones.








