Hoy no hablaré de un libro en concreto, sino de las obras en general de dos personas, un hombre y una mujer, a los que admiro, tanto por su trayectoria personal como por sus creaciones literarias, que han muerto en los últimos días.
El hombre, que murió el pasado 29 de mayo a los 104 años de edad, es el francés Edgar Morin, del que he leído los ensayos ¡Despertemos”, Lecciones de historia y Los siete saberes necesarios para la educación del futuro.
La mujer, que murió el 4 de junio a los 56 años, es la iraní Marjane Satrapi, de la que he leído las novelas gráficas Persépolis y Pollo con ciruelas.
He citado la edad de ambos creadores porque, al estudiar sus respectivas trayectorias, caracterizadas siempre por la búsqueda de la verdad, desde la más radical independencia y libertad de criterio, que es lo que me atrae en los dos casos, se observa que Edgar Morin, que conoció los campos de exterminio, la Resistencia, la Guerra Fría, la descolonización, el Mayo del 68, la globalización y la crisis ecológica, nunca dejó de preguntarse cómo pensar el mundo sin traicionarlo, cómo encontrar en él el bien, la belleza y la Verdad (con mayúscula).
Creo que esas preguntas para las que, sin ninguna clase de dogmatismo y a través de la escucha atenta de opiniones favorables y contrarias a las suyas, intentaba encontrar respuestas, ayudó al filósofo y sociólogo francés a mantener la actitud esperanzada que le permitió vivir tantos años.
No es el caso de Marjane Satrapi, que más que “pensar el mundo sin traicionarlo”, intentaba cambiarlo mediante una rebeldía sin matices.
Hija única en una familia iraní de clase alta y educada por sus padres al estilo occidental en la época del Sha, su familia contribuyó a derrocar al monarca, confiando en que, tras dicho derrocamiento, el país alcanzaría un futuro democrático.
Tal esperanza se vio frustrada por el horror que trajo consigo la llegada de los ayatolas, que persiguieron y asesinaron a los disidentes, restringieron todo tipo de diversiones e impusieron medidas drásticas para preservar la virtud en la enseñanza, el modo de vestir las mujeres, los medios de comunicación, etc.
Estas medidas acrecentaron la rebeldía de la joven y su dificultad para adaptarse a vivir en un régimen cada vez más opresivo. Así que, al terminar la guerra entre Irak e Irán, sus padres decidieron que continuara sus estudios en Austria.
En su extraordinaria novela gráfica Persépolis, además de las decepciones y traumas que vivió en su infancia y adolescencia, Marjane Satrapi narra también con enorme crudeza su estancia en Europa: el rechazo inicial, los problemas de integración, la evasión que suponen las drogas…
Después la vuelta a Irán, los estudios de Bellas Artes, el matrimonio, el divorcio y siempre la dificultad para adaptarse a vivir en un ambiente opresivo y represivo a un tiempo.
Persépolis termina con una nueva marcha, que esta vez será definitiva, instalándose en París y obteniendo la nacionalidad francesa.
En 1996 Marjane Satrapi se casa con Mattias Ripa, que le ayudó a afianzarse como autora y directora de cine y estuvo a su lado en todo momento, hasta que murió el año pasado.
Esa pérdida afectó tanto a la escritora y cineasta que, sin informar sobre las causas exactas de su muerte, la familia y allegados la atribuyeron a la “tristeza” que sintió al perder a su esposo.
Persépolis es un extraordinario testimonio de una mujer que necesitaba para vivir libertad interior y exterior. La interior fue conquistándola a través del tiempo. Para lograr la exterior tuvo que abandonar su país y desde fuera se esforzó para que los que quedaban en él la tuvieran.
Ese esfuerzo se vio recompensado de varias formas, entre ellas con la obtención en el año 2024 del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en reconocimiento a su labor como “voz esencial para la defensa de los derechos humanos y la libertad”, ya que utilizó el cine y el cómic como herramientas para difundir mensajes universales de democracia, igualdad y libertad.
Pero las recompensas sociales y materiales no fueron suficientes para que sus obras, además de la denuncia de la opresión y la tiranía, nos aporten signos de esperanza, peor aún si tenemos en cuenta el Irán actual, cuya situación estoy segura Marjane Satrapi tendría muy presente.
Sin embargo, en las obras de Edgar Morin sí que podemos hallar esperanza. Así que le voy a pedir prestada una reflexión que, al igual que la reseña habitual en Opticks, se refiere a los libros libros y me permitirá concluir de forma “esperanzada” este pequeño homenaje a los dos extraordinarios creadores que acaban de dejarnos, aunque sea sólo físicamente.
Escribe Edgar Morin: “Creo en las virtudes integradoras de la filosofía, la poesía y las artes en general. No se trata de leer por el placer de la literatura, sino como un modo de comprensión del mundo”.
Ojalá las obras y películas de Marjane Satrapi, junto a los múltiples ensayos de Edgar Morin contribuyan a que nuestra comprensión del mundo nos conduzca hacia el bien, la libertad, la verdad y la esperanza en un futuro más humano y fraterno construido entre todos.








