EL ORDEN DEL DÍA

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Un nuevo libro, El orden del día,  tan breve, 141 páginas, como intenso. Mereció el Premio Goncourt en el año 2016 y para mí resulta incalificable, en el sentido de que todo lo que se dice en él sucedió de verdad, como de verdad son sus protagonistas. En este caso quizá podría calificarse de documento histórico, género que interesa mucho a su autor, el escritor francés Éric Vuillard.
Pero ocurre que Éric Vuillard ha engarzado de tal forma los acontecimientos que recoge en su obra que, en lugar de un frío documento, nos parece estar leyendo una novela de intriga política, si no supiésemos las consecuencias de los actos protagonizados por las personas que se citan.
Lo cierto es que la mezcla de documento histórico y novela, al presentar la trayectoria de unos determinados personajes y lo que ocurrió entonces, nos lleva a reflexionar sobre los complicados tiempos que vivimos en cuestiones sociales, políticas, económicas…, así como la rapidez de los cambios que se producen en cada una de ellas.
Puede que esa haya sido la idea que albergaba la mente del autor a la hora de escribir este libro y hacerlo de un determinado modo: impulsar al lector a la reflexión, y yo diría que incluso a la acción, ante un mundo cambiante e impredecible en muchos aspectos, pensando que las lecciones que el pasado ofrece ayudarían a clarificar el futuro que nos aguarda.
La acción desarrollada en El orden del día se inicia en el año 1933 en el Reichstag, palacio del presidente de Alemania. A él llegan veinticuatro caballeros, trajeados elegantemente según la época, que representan a las empresas alemanas más importantes del momento: Opel, Krupp, Siemens, I G Farben, Bayer, Telefunken, Agfa, Varta…
Los caballeros son recibidos por Hermann Goring y el nuevo canciller Adolf Hitler que les plantean que los objetivos del partido nazi de cara a las elecciones próximas consisten en acabar con un régimen débil, alejar la amenaza comunista, suprimir los sindicatos y permitir a cada patrono ser un Führer en su empresa. Para aplicar estos objetivos necesitan dinero. Todos se comprometen a pagar.
Un compromiso recompensado de diversas maneras, una de las cuales la encontramos casi al final del relato: incorporación a esas empresas, como mano de obra esclava, de personas procedentes de los campos de concentración creados por los nazis.
Noviembre de 1937, Chamberlain envía a Lord Halifax a entrevistarse con Hitler, Goebbels y Goering. Lord Halifax anota en su diario: Aunque hay mucho en el sistema nacionalsocialista que ofende profundamente la opinión británica, no soy ciego a los que él (Hitler) ha hecho por Alemania, y los logros, desde su punto de vista, para mantener el comunismo fuera de Alemania.
En Austria, la pasividad del Presidente de la República Wilhel Miklas provoca un debilitamiento del sistema constitucional, que se agrava con las decisiones tomadas por el canciller Kurt von Schuschnigg realizando concesiones importantes a los nazis austriacos. A pesar de lo cual no logra satisfacer a Hitler que desea anexionarse Austria.
Tras buscar sin resultado la ayuda de los países vecinos para frenar el expansionismo alemán, Kurt von Schuschnigg, tras largas negociaciones para fijar el orden del día, se entrevistó con Hitler el 12 de febrero de 1938, viéndose forzado por éste a entregar la cartera de Interior al principal dirigente nazi de Austria Arthur Seyss-Inquart.
El 29 de septiembre de 1938 en la Conferencia de Múnich, los equipos de Daladier por Francia y de Chamberlain por Reino Unido, con la mediación de Mussolini, venden a Hitler Checoslovaquia a precio de saldo. Lo grotesco es que a Chamberlain le calificaban muchos de “infatigable artesano por la paz”, cuando él era consciente de la catástrofe que se avecinaba.
Así, paso a paso, que es como se anuncian a menudo las mayores catástrofes, Éric Vuillard  nos permite asistir a reuniones en las que impera un respeto misterioso por la mentira, nos adentra en mansiones de gentes poderosas que hablan de cosas intrascendentes mientras los tanques alemanes, cuya fabricación había prohibido el Tratado de Versalles y se realizó en el extranjero por medio de sociedades pantalla, invaden Austria, en una surrealista escena que describe el autor, con el beneplácito de una buena parte de la población austriaca y el suicidio aterrorizado de otra.
Repaso lo que he escrito hasta ahora y me doy cuenta de todo lo que debiera añadir, si pretendiese plasmar el contenido de El orden del día, un libro que tiene… 141 páginas.
Un contenido que ilustra, apasiona, enfada y hace pensar a un tiempo, porque como dice sabiamente Éric Vuillard: Nunca se cae dos veces en el mismo abismo. Pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y de pavor. El abismo está jalonado de altas moradas.

 

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