PÓRTICO

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Antes de iniciar la reseña de hoy, debo decir que no soy demasiado aficionada a la ciencia ficción como tal género y que las películas de Star Wars o Guerra de las Galaxias, a pesar del empeño de uno de mis hijos, me dicen bien poco.
Así que cuando leo alguno de los muchos libros de dicho género, busco siempre una enseñanza que aplicar a la sociedad en la que vivo o a las circunstancias que me rodean, sabiendo que para los entendidos eso es un disparate.
Pórtico la novela de Frederik Pohl publicada en 1977 que hoy traigo a Opticks, primera de una tetralogía, está considerada por los especialistas en ciencia ficción como una obra maestra y ha conseguido los cuatro premios más importantes que puede obtener esa clase de libros.
El protagonista de Pórtico es Robinette Broadhead, del que vamos conociendo su vida conforme se la cuenta a un robot, al que él llama Sigfrid, durante las sesiones de psicoanálisis a las que se somete para intentar vencer los muchos traumas que le aquejan.
Pronto sabemos que Pórtico es el nombre que se ha dado a una base espacial abandonada en el interior de un asteroide. Los seres que vivieron allí fueron los Heechee, (de hecho  la tetralogía se conoce también como La saga de los Heechee), y al marcharse dejaron un conjunto de naves que nadie ha aprendido a manejar porque no se cuenta con ninguna clase de instrucciones. Lo que sí tienen las naves, que pueden ser de una, tres, o cinco plazas, es la dirección predeterminada. Así que cualquiera que se monte en ellas, sabe que viajará hacia un destino incierto.
El objetivo de los que dirigen Pórtico es encontrar el mayor número da datos sobre los Heechee y la posibilidad de obtener nuevos alimentos para un número creciente de personas. A esto se dedican los prospectores, exploradores espaciales que viajan en las naves citadas y pueden tener la suerte de encontrar en los distintos cuerpos celestes restos que aporten datos sobre la civilización perdida, lo que les supone enormes beneficios económicos. En general, son pocos los que encuentran algo, la mayoría desaparece o muere en el intento.
Ser prospector no es gratis, el viaje desde la Tierra u otro planeta a Pórtico cuesta bastante dinero. Por lo tanto, los que consiguen viajar se consideran unos privilegiados.
Robinette, Rob para acortar, se paga el viaje con un premio obtenido en la lotería. Las condiciones en las que vivía en la Tierra eran precarias, casi míseras. En Pórtico, después de muchas vicisitudes, consigue un hallazgo tan valioso, que regresa a la Tierra millonario.
¿Qué valoro yo en Pórtico? Sin duda ninguna la imaginación del autor que ha inventado una distopía constituida por elementos fácilmente imaginables por la perfección con que están descritos. Los elementos que constituyen Pórtico: habitaciones, pasillos, zonas de recreo, naves…; los distintos personajes que aparecen, con sus virtudes y sus defectos; la sociedad dividida en clases perfectamente diferenciadas; el papel del robot y el entorno que prepara a su cliente para cada sesión; los viajes espaciales claustrofóbicos; la sexualidad desatada; el miedo a la muerte y al vacío infinito…
Todo eso y más lo vamos descubriendo poco a poco en las sesiones de psicoanálisis a las que se somete el protagonista, al que no le profeso ninguna clase de simpatía, lo que contribuye a que el libro no me haya gustado.
Está claro que, a pesar de que me lo recomendaron como evasión posible, en las circunstancias actuales, que podrían calificarse de distópicas, su lectura ha sido una equivocación.

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