LOS INGRATOS

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El libro que hoy traigo a Opticks ha obtenido el Premio Primavera de Novela 2021, se titula Los ingratos, su autor es Pedro Simón y ha sido publicado por Espasa.

Los ingratos se inicia en 1961, en invierno, en un pequeño pueblo del interior de España en el que una voz en tercera persona relata un suceso dramático que tiene como consecuencia la muerte de un niño: Currete.

En el capítulo dos y casi todos los siguientes, el narrador es Daniel que inicia su historia en 1975 cuando llega a ese mismo pueblo en el Simca 1200 de su padre, Natalio, junto a su madre maestra, Mercedes, y sus dos hermanas, Vero e Isa. Ése es uno de los muchos traslados que la familia ha conocido mientras persiguen el sueño de terminar por fin en Madrid, ciudad en la que está el trabajo del padre.

Veníamos de un pueblo y a un pueblo íbamos, en ese juego de la oca que se traía mi madre desde que sacó su plaza de maestra. Un tablero en el que la casilla de salida era la aldea castellana de los cuatro abuelos agricultores y la casilla de llegada era Madrid.

Pronto el padre ha de volver a la capital y la madre se queda sola con la casa, la escuela y los niños. Vero e Isa son lo suficientemente mayores para que se pueda confiar en ellas. Daniel, el pequeño, aprovecha las muchas ocupaciones de Mercedes, entregada por completo a una profesión que le apasiona, y busca aventuras junto a otros compañeros de la escuela; hasta que ella, preocupada por las consecuencias de dichas aventuras, contrata a una persona para que se ocupe de la casa y, sobre todo, de Daniel.

De este modo aparece en el relato Emérita, una mujer de alrededor de 50 años, sorda y analfabeta, que pronto se hará imprescindible para todos, en especial para el niño que llega a considerarla más cercana y valiosa que su propia madre.

Gregorio decía que, si tuviera que elegir salvar a alguien de su familia, si tuviera que cortarse un brazo por alguien, esa persona sería su madre. Yo igual, pero con Eme.

Son multitud las características de este libro que considero lo hacen inolvidable.

En principio, la manera que tiene Pedro Simón de presentarnos la realidad de la España de esos años a través de las vivencias del niño.

Mis hermanas y yo éramos los hijos del blandofranquismo… Éramos una reforestación del Icona y un festival de la OTI y unas canciones cantadas en catalán y un cantante con pelos largos y un mapa lleno de autonomías y de ladrillos.

En segundo lugar, se trata de una novela de crecimiento, Daniel va cambiando y los cambios que experimentan tanto él como el conjunto de relaciones familiares son trasladables y del todo creíbles.

Si hacerse mayor era dejar de explorar un mundo sin límites, si consistía en desistir de los peces abisales en el ultramarinos, si era dejar de escarbar la tierra o dejar de subirse a los árboles para tener los pies en el suelo, si era cambiar de miedos en vez de tratar de vivir con ellos; si suponía todo eso, digo, entonces yo no quería ser mayor.

En tercer lugar, y sólo porque no aparece al iniciarse la historia, está Emérita, una persona  que ha sufrido y que se entrega del todo a la familia para la que trabaja; que aprecia a todos sus miembros, pero siente por el niño un amor de madre que él corresponde y ella explica en una serie de cartas, sencillas y profundas a un tiempo, que escribe cuando los niños la enseñan a hacerlo a base de aplicación y dictados.

La señorita Mercedes me dice que te tengo que enseñar a perder. Eso me dice, ya ves que tontuna más gorda. Que la primera vez que se lo entendí, después de varias veces intentándolo, a mí me entró hasta la risa. Uy, perder. A un chico hay que enseñarle a ganar un jornal, pero a perderlo no… La señorita siempre decía que yo te hacía mucha falta, pero no te puedes ni tan siquiera imaginar la que me hacías tú.

La que me hiciste antes.

También después.

En cuarto lugar, podríamos decir que Los ingratos es una novela de sentimientos. Hay acciones, muchas, integradas en un pueblo bien descrito que visualizas con facilidad, pero los sentimientos prevalecen y Pedro Simón ha sabido coordinar con maestría lo uno y lo otro.

Así que cuando terminas la lectura y reflexionas sobre ella, piensas que el autor ha debido vivir algo de lo que cuenta para que resulte tan real; para que los personajes sean de carne y hueso, y el olvido y la ingratitud que practican en la ficción sea igual a la que, en la vida real, practicamos cualquiera de nosotros.

 

 

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