EL LUGAR

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Leo en el periódico algunas de las razones que aportó el jurado del Nobel para justificar el premio otorgado a la escritora francesa Annie Ernaux en este año 2022: La valentía y la agudeza clínica con las que Ernaux descubre las raíces, los distanciamientos y las restricciones colectivas de la memoria personal.

Según parece Annie Ernaux utiliza las propias vivencias para escribir cada uno de sus libros en una especie de catarsis que no acabo de entender del todo.

Así en El lugar, libro que hoy traigo a Opticks editado por Tusquets, se centra en el hogar que compartió con sus padres y en las aspiraciones de éstos que les condujeron, a base de trabajo, de una humilde ocupación de obreros manuales en el medio rural a regentar su propio comercio en una ciudad de provincias.

En paralelo, Annie ha ido prosperando en sus estudios hasta obtener el título de profesora de secundaria. Un título que llena de orgullo a su padre, aunque poco le dura, ya que muere dos meses después.

Annie Ernaux habla de todo ello, como afirma el jurado del Nobel, con “agudeza clínica”. Yo diría que coge un escalpelo y, sin ningún vestigio de sentimentalismo, disecciona las relaciones que mantuvo con sus progenitores desde la pesarosa evidencia de pertenecer como ellos a una clase social inferior que ha podido dejar atrás con sus estudios y sus amistades.

Así se refiere a su padre:

Yo consideraba que él ya no podía hacer nada por mí. Sus palabras y sus ideas no tenían cabida en las clases de francés o filosofía, en los ratos que pasaba en los canapes de terciopelo rojo de mis amigas. En verano, por la ventana abierta de mi habitación, oía el ruido de su rastrillo aplastando la tierra removida.

Escribo, quizá, porque ya no teníamos nada que decirnos.

Y tras la muerte de éste:

En el tren de vuelta, el domingo, yo intentaba entretener a mi hijo para que estuviera tranquilo, a los pasajeros de primera no les gusta el ruido ni los niños que no paran quietos. De pronto, asombrada, me sorprendí pensando: “Ahora sí que soy una auténtica burguesa” y “es demasiado tarde”.

Dice el periódico, también como justificación al Nobel, que “Las obras de Annie Ernaux son formas de explorar fríamente el dolor hasta cosificarlo en busca de una cierta promesa de alivio”.

En El lugar el dolor no aparece. Las referencias al padre y a su muerte son de una frialdad extrema.

Si encuentra alivio en expresarse así, mejor para ella. Pero a mí, que he vivido situaciones semejantes, este modo de expresarse, esta catarsis, aceptando que está perfectamente redactada, me parece más propia del diván de un psiquiatra que de un relato destinado al público.

 

 

 

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