EL RETRATO DE CASADA

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Una amiga me presta el libro que hoy traigo a Opticks. Se trata de El retrato de casada escrito por Maggie O’ Farrell, traducido por Concha Cardeñoso y publicado por la editorial Libros del Asteroide.

Al parecer El retrato de casada ha gustado mucho, como también sucedió con Hamnet, la obra anterior que leí de esta autora, convertida pronto en un bestseller internacional.

Al igual que en Hamnet, Maggie O’ Farrell elige como protagonista a un personaje histórico, aunque aquí muy poco conocido: Lucrezia de Medici, hija del poderoso Cosme de Medici y de la española Leonor Álvarez de Toledo, hija a su vez del Virrey de Nápoles.

En la referencia histórica que aparece al comenzar el libro se nos dice: En 1560, a los quince años, Lucrezia di Cosimo de Medici salió de Florencia para iniciar su vida de casada con Alfonso d’ Este, duque de Ferrara.

Moriría antes de cumplirse un año.

La causa oficial de su muerte sería “fiebres pútridas”, pero se rumoreaba que la había asesinado su marido.

A partir de dicha referencia histórica, la autora irlandesa construye un relato muy bien documentado que inicia con la cena que los esposos comparten en la aislada fortaleza a la que él la ha llevado con la intención, según piensa Lucrezia, de asesinarla.

Tras el dramatismo de estas primeras páginas, Maggie O’ Farrell nos conduce al momento de la concepción de la joven y la manera cómo su madre considera que influyó de forma negativa en su carácter; ya que fue una niña solitaria y rebelde con una fuerte personalidad, que se suavizaba mientras se abstraía dibujando primorosa y detalladamente las más variadas escenas reales o producto de su “desbocada” imaginación, según opinan los que la rodean.

De aquí en adelante la historia no es lineal. Alternándose con lo que ocurre en la fortaleza, conocemos la infancia de Lucrezia, la relación que mantiene con sus padres, hermanos, profesores y criados; la distinta manera de educar a niños y a niñas: los niños para las armas y el gobierno del territorio o de la Iglesia; las niñas para casarse y tener hijos, peones en un tablero en el que prima el poder y la unión de territorios con el objetivo de aumentarlos o consolidarlos.

Así Lucrezia se verá obligada por orden de su padre a casarse con Alfonso, duque de Ferrara, al morir su hermana María, prometida del éste. De nada servirán su rebeldía y su protesta.

Una rebeldía que habrá de reprimir y ocultar en su interior y que, tras la boda y el traslado a los dominios del esposo, cuando no logre ocultarla del todo, Alfonso reprimirá con dureza. Las apariencias importan siempre y ella ha pasado a ser propiedad del marido.

En este aspecto resulta significativo cómo el duque pretende que se pinte el “retrato de casada” de su esposa, para que todos puedan apreciar, a través de él, la majestad y el poderío del ducado que representa.

Pese a todo, Alfonso, duque de Ferrara, se irá sintiendo cada vez más decepcionado de un matrimonio que no le proporciona el ansiado heredero.

En resumen, además de que la forma de escribir de Maggie O’ Farrell suele enganchar desde el principio, en El retrato de casada, como admiradora que soy del Renacimiento italiano, he disfrutado con la descripción que hace de esa época histórica: decoración, vestidos, comidas, músicas, costumbres y paisajes aparecen con tantos detalles como si se tratase de un documental realizado con precisión de orfebre.

Una brillante precisión que no logra opacar el ritmo del relato, tan detallista y minucioso que, en ocasiones, resulta muy lento.

 

 

 

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