¡ESCÚCHALOS! POR UNA CRIANZA CON EMPATÍA

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Con la reseña de hoy pretendo hacer un pequeño homenaje a un escritor que murió el pasado 27 de noviembre. Se trata de Miguel López, El Hematocrítico.

Escritor, pero también maestro de inglés, infantil y primaria; sus obras demuestran que conocía muy bien el mundo de los niños.

En Opticks hablé de él cuando obtuvo, junto al ilustrador Paco Roca, el Premio de Cuentos Villa de Ibi con Doña Problemas.

Esta vez no es de un libro dedicado a los niños del que voy a hablar, sino de una obra para adultos, en especial para padres, maestros y abuelos. A todos ellos les será beneficiosa su lectura, porque puede contribuir a que se modifiquen para bien, con los consiguientes beneficios, actitudes y comportamientos.

El título de esta obra, editada por Paidós, es ¡Escúchalos! Por una crianza con empatía. Una crianza en la que la escucha, la ternura y el acompañamiento ocupen un papel predominante.

En el prólogo, El Hematocrítico confiesa que se siente más niño que adulto, ya que con los niños comparte algo que le parece vital: el entusiasmo. El placer de disfrutar con las cosas. La alegría de compartir con los demás lo que a ti te hace feliz.

Desde esa posición entusiástica y compartidora, Miguel López reivindica una educación que ponga el foco en la persona que el niño es ahora y no en lo que será dentro de ni se sabe cuántos años. No puedes pretender que todos los momentos de la vida de un niño sean una preparación constante para las Olimpiadas de la Infancia.

El contenido de ¡Escúchalos! Se agrupa en cinco apartados que recogen todas las vivencias que un niño pueda tener en casa, en el colegio, en el parque, en un restaurante, etc. Cada uno de estos apartados se divide a su vez en capítulos que analizan vivencias concretas e incluyen unas cuantas preguntas que obligan al lector a reflexionar sobre lo expuesto.

Así se habla del papel preponderante que ocupan actualmente los niños en la familia, los cumpleaños, el aburrimiento, los abuelos, los grupos de WhatsApp, las fotos en Internet, las extraescolares, los deberes, los miedos infantiles, las palabrotas, las notas, las “agendas colmena”, la “resiliencia”, el placer de descubrir, el chupete unisex, la moda del bilingüismo, los libros-medicina, las pantallas, las prisas, las rabietas, la empatía, los estereotipos, los lugares en los que los niños “molestan” y muchas situaciones más que harán pensar y sonreír. Todo ello expresado a partir de experiencias personales del autor de una manera cercana y humorística que atrapa por su frescura y actualidad total.

A veces, por circunstancias diversas he buscado la persona del escritor mientras leía sus libros. Del Hematocrítico sólo he leído tres: Doña Problemas, ¡Escúchalos! y Feliz Feroz, un delicioso cuento para el público infantil en el que un lobo adulto intenta inculcar ferocidad a un lobito que entiende las enseñanzas del mayor a su modo: comparte dulces con Caperucita y merienda con su abuelita, en lugar de comérselas; sopla las cometas de los tres cerditos y no sus casas y hace un pastel con la harina y los huevos que debían servirle de disfraz con el que engañar a los siete cabritillos.

Es un lobito bondadoso y empático que disfruta haciendo disfrutar a los que debería considerar enemigos. Un lobito que inspira ternura y cambia la vida para bien de los terribles lobos feroces.

También, estoy segura, de que El Hematocrítico ha cambiado la vida para bien de aquellos que han tenido la suerte de convivir con él, de disfrutar su bonhomía, su humor y su entusiasmo.

La vida de nosotros, los lectores, será también mejor conforme disfrutamos de sus obras.

 

 

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