PERSONAS COMO YO

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Personas como yo, del escritor norteamericano John Irving que editó Tusquets en el año 2015, es un canto a la libertad sexual pero también a la literatura; al menos yo lo he entendido así, a pesar de la proliferación de personajes homosexuales (prácticamente todos los principales) que aparecen en sus páginas.

“Querido mío, no me etiquetes, no me conviertas en una categoría antes de conocerme”, eso le había dicho la señorita Frost, bibliotecaria de la localidad de First Sister en el estado de Vermont, a Billy Dean, protagonista de la historia que contiene este libro contada por él en primera persona.

Billy Dean, hijo único de una mujer divorciada de su marido cuando el niño tenía dos años, conoce a la señorita Frost por mediación de la nueva pareja de su madre, el guapo Richard Abbott, que se convertirá en su padrastro.

Richard Abbott, que ha llegado como profesor a la academia de chicos Favorite River, se enamora de la madre de Billy y será el que le lleve a la biblioteca para que la bibliotecaria le recomiende lecturas apropiadas a su edad.

Uno de los libros que la bibliotecaria le recomienda, cuando ya ha cumplido quince años y que leerá varias veces, Grandes esperanzas de Charles Dickens, impulsa al joven a convertirse en escritor.

He aludido antes a la belleza de Richard Abbott, porque el chico se “encapricha” de él, a la vez que de la señorita Frost, de la que admira tanto su belleza como sus juveniles pechos. El “encapricharse” por igual de personajes de apariencia femenina o masculina, termina por convencerle de su bisexualidad.

Es después, siendo ya adulto y un escritor consagrado, cuando Billy Abbott cuenta su historia, desde que asistía, primero como espectador y más tarde en papeles complejos y ambiguos, al teatro de aficionados del pueblo, en el que su madre era apuntadora, su tía actriz y su abuelo, dueño de un importante aserradero, actor; aunque siempre representaba papeles femeninos en obras de Henrik Ibsen (el socio del abuelo en el aserradero era sueco y admiraba a Ibsen), y sobre todo de William Shakespeare, hasta que a los sesenta y ocho años se convierte en profesor de lengua y literatura de la academia, convertida en ese tiempo en mixta, y dirige el grupo de teatro de ésta mientras ensayan Romeo y Julieta.

Desde el principio, las dudas sobre su sexualidad naciente, las representaciones teatrales, las preguntas que hace al resto de la familia sobre su padre, sin obtener respuestas convincentes; los libros que lee, los compañeros y personal de la academia, las dificultades que tiene para pronunciar algunas palabras como “pene”, contribuyen a que el chico analice de continuo sus sentimientos y acciones.

Extiende ese análisis al resto de los personajes, por lo que conocemos a fondo los vicios, las costumbres, las manías y las características físicas y psicológicas de todos ellos.

El relato se inicia en la década de los cincuenta, cuando la homosexualidad en Estados Unidos estaba mal vista e, incluso, era perseguida. Poco a poco todo va cambiando. Es sintomática la modificación de las siglas que al mismo protagonista le sorprende. “Algunos en los ochenta no tenían nada mejor que hacer que actualizar el jodido lenguaje de género. LGB, LGBT, LGBTC”.

El primer viaje del joven a Europa, más permisiva a ese respecto, lo hace con una de sus múltiples parejas masculinas. Tendrá muchas de ambos sexos y hasta transexuales; pero el autor se centra en la descripción de sentimientos y ambientes y no entra en detalle sobre los encuentros sexuales que mantienen.

Si lo hace, quizá en exceso, con los terribles efectos que el Sida provoca en el colectivo homosexual en la década de los ochenta; así como en los distintos tratamientos que se aplican a los enfermos, las muertes que ocasiona la enfermedad y las consecuencias que todo ello tiene para las familias. Resulta impactante.

En cuanto al canto a la literatura que contiene Personas como yo, además de que la manera de escribir de John Irving contribuye a que admiremos la Literatura en sí, está la singular explicación y aplicación a las diversas circunstancias vividas por los personajes de obras literarias representadas por ellos o no: Casa de muñecas, Hedda Gabler y El pato silvestre de Ibsen; Noche de reyes, El rey Lear, La tempestad, El mercader de Venecia y Romeo y Julieta de Shakespeare; La habitación de Giovanni de James Badwin; Verano y humo de Tennesse Williams y, sobre todo, por su relación con el padre de Billy al que encontrará en el barrio de Chueca en Madrid, Madame Bovary de Gustave Flaubert.  

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