La novela que hoy traigo a Opticks, que se titula Muerte de una heroína roja, está editada por Tusquets y traducida por Alberto Magnet, es la primera de la serie de novelas policiacas, protagonizadas por el inspector Chen Cao, que ha publicado el escritor y profesor universitario Qiu Xiaolong, nacido en Shanghai en 1953 y residente en Estados Unidos desde 1966.
Aunque el tema central de la novela sea la investigación del asesinato de una joven llamada Guan Hongying; Guan de “cerrar la puerta”, Hong por el color rojo, y Ying por ser una heroína, el libro constituye también un interesante e ilustrativo documento sobre una época determinada en la República Popular China: la iniciada en 1977 por Deng Xiaoping, que convertido en el “hombre fuerte” de China, lanzó su famosa sentencia “gato negro o gato blanco, poco importa si caza ratones” contra el dogmatismo ideológico maoísta e inició una audaz política de reformas en todos los campos, liberalizando la economía y abriendo espacios para la iniciativa privada. Se produjo así un gran crecimiento económico y surgió una nueva clase empresarial.
Sin embargo, en el terreno político, Deng Xiaoping mantuvo la dictadura del partido único, la restricción de las libertades y la represión de los disidentes. En 1990, ante una movilización estudiantil, el régimen respondió con brutalidad ocasionando la llamada “matanza de Tiananmen”.
La historia que cuenta Qiu Xiaolong se desarrolla precisamente en Shanghai un año después de dicha matanza, aunque esté prohibido referirse a ella.
En la ciudad conviven las nuevas élites económicas y los altos cargos del Partido que disfrutan toda clase de lujos en barrios residenciales, con las personas represaliadas durante la Revolución Cultural de 1966 y sus descendientes, además de las que provienen de lugares empobrecidos que buscan mejorar sus condiciones de vida; todos ellos se amontonan en viviendas comunitarias y trabajan por salarios miserables.
A inspector Chen Cao, hijo de un profesor represaliado y con una madre que sobrevive a duras penas y a la que no le gusta que sea policía, ya que escribe poesía, traduce al chino obras de autores extranjeros y ha publicado con éxito algunos de sus poemas, al haber ascendido a inspector jefe, se le ha asignado un apartamento para él solo que, aunque minúsculo, le permite tener privacidad e invitar a sus amigos a la inauguración: la joven periodista Wang Feng, cuyo marido, con el que se casó virtualmente, viajó a Japón y no regresó de allí, y Lú, al que llama el Chino de Ultramar, con su esposa. Lu montará posteriormente un restaurante servido por camareras rusas que será muestra de la nueva China que aparece en el libro, que deja constancia, junto al acelerado desarrollo, de la contaminación de los ríos y el aire, el hacinamiento, los problemas de tráfico y de vivienda, las diferencias sociales, el choque entre los Cargos Superiores ya ancianos y los jóvenes que aspiran al poder y el control de los individuos por parte del Partido.
De hecho, el asesinato de la joven se creé fue cometido por el hijo de uno de estos Cargos Superiores, fotógrafo famoso que, por su condición política, se considera intocable.
Al inspector jefe Chen le ayuda en su tarea Yu, otro inspector que, junto a su esposa Peiqin y su padre, “El Viejo Cazador, contribuirá a la resolución del caso.
Al ser el inspector jefe Chen un hombre culto y además poeta, en el libro abundan los poemas de antiguos autores chinos, así como las citas de Confucio y hasta del mismo Mao.
Y es que, a pesar de que tuvo que abandonar su país y refugiarse en Estados Unidos, Qiu Xiaolong demuestra en este libro amor y admiración por la antigua y singular historia de China, su cultura milenaria, sus paisajes, costumbres y hasta por su variada gastronomía.
En resumen, Muerte de una heroína roja, como dice en la solapa que acompaña al libro, además de una novela policiaca, puede considerarse una “guía de la China cotidiana” que ayuda a conocer, con sus luces y sombras, cómo se desenvuelve la sociedad de esa enorme e influyente nación.







