LA LONJA DE LA SEDA

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El libro de hoy es una novela histórica a cuya presentación asistí hace unos días. Se titula La Lonja de la Seda, está escrita por Juan Francisco Ferrándiz y publicada por la editorial Grijalbo.

Podemos constatar los que hemos leído a Ken Follet, Noah Gordon, Ildefonso Falcones o Santiago Posteguillo, por citar algunos de los autores que han cultivado el género, que en toda novela histórica que se precie aparecen elementos comunes, como son los protagonistas, atrayentes en múltiples aspectos; los hechos históricos bien documentados y una dosis importante de amor, violencia y sexo.

Pues bien, en La Lonja de la Seda, séptima novela que escribe sobre temas históricos Juan Francisco Ferrándiz, los citados elementos aparecen en su dosificación exacta:

-Los personajes principales son atrayentes y están perfectamente caracterizados e integrados en la trama, hasta el punto de que se confunden los que existieron en realidad y los que no.

-El tema histórico elegido: la construcción de la Lonja de los Mercaderes conocida como “de la Seda”, Patrimonio de la Humanidad desde 1996, interesa a muchos y las características de los trabajos realizados, incluyendo dificultades y avances, se apoyan en una exhaustiva y seria documentación.

-El amor es el nexo de unión que ennoblece a los protagonistas.

-La violencia responde a la situación social de la época.

-El sexo, por una parte, tiene también que ver con la citada situación social, y por otra, con el amor que une a los personajes principales.

Fijado lo anterior, entramos en el argumento del libro en sí, lo que nos sitúa en la Valencia del siglo XV, el llamado “Siglo de Oro valenciano”, un tiempo en el que el Reino de Valencia alcanzó su máximo esplendor cultural, económico y social, coincidiendo con la expansión mediterránea de la Corona de Aragón y el declive experimentado por la ciudad de Barcelona, inmersa en una cruenta guerra civil entre los partidarios de Juan II de Aragón y ciertas instituciones catalanas.

De ese modo, la ciudad de Valencia se convirtió en un auténtico motor intelectual y financiero de la península y en un centro comercial de primer orden, en cuyo puerto hacían escala los barcos que cubrían las rutas del mediterráneo occidental.

Hablamos de la Baja Edad Media, una época de cambio en la que la antigua nobleza va perdiendo importancia y la burguesía, asociada a la industria y al comercio, se enriquece y adquiere gran prestigio social.

Es esa nueva y floreciente burguesía la que plantea, ante el estado ruinoso de la antigua lonja, llamada del Aceite, construir una nueva.

El proyecto se encarga a Francesc Baldomar (1395-1476)) que elabora los planos.

Planos muy detallados que permanecieron sin ejecutar por los impedimentos que planteaban los nobles, descontentos con el poder conseguido por “los mercaderes” y el hecho de que se pretendiese levantar un edificio similar a un “templo”, en el que los intereses económicos impíos suplantasen a la divinidad.

Pese a todo, a los cinco años de la muerte de Francesc Baldomar y merced a esos detallados planos que dibujó, en 1481, dos de sus discípulos, los maestros canteros Pere Compte y Joan Ivarra, en plano de igualdad según dejó por escrito el maestro, reciben el encargo de terminar de construir la lonja. Dicha construcción ocupa una buena parte del relato.

El personaje masculino principal es precisamente Joan Ivarra, que vive una apasionada y accidentada relación amorosa con Francesca, personaje femenino principal, mujer fuerte, inteligente y muy bella que práctica ritos ancestrales y pose dotes curativas propias de las que entonces eran consideradas brujas.

La novela engloba una enorme riqueza coral y de contenidos: los canteros y sus encuentros secretos entre profesionales que recuerdan a la masonería; Los Reyes Católicos y su hijo el príncipe Juan; sederos procedentes de Génova; judíos conversos y sus actividades; nobles que dificultan los trabajos; los poemas de Ausiàs March; el importante papel que desempeña en la narración Sor Isabel de Villena, mientras escribe su Vita Christi; y hasta piratas, unos malos, malísimos y otros corsarios protegidos con “Patente de Corso”.

Todo esto y mucho más, como la relación establecida entre el edificio que se construye y la Lonja de Palma de Mallorca, la catedral de Valencia y el Palacio de la Generalitat Valenciana, por citar sólo algunas construcciones emblemáticas.

Mención especial merecen los capítulos en los que se habla de la seda, del proceso que se inicia con la cría y cuidado de los gusanos hasta la confección de los maravillosos vestidos.

Podría continuar escribiendo sobre este libro y sus múltiples aspectos y riquezas, pero creo que es mejor no añadir nada más y recomendar de nuevo su lectura.

Seguro que, al igual que me sucede a mí, al posible lector le apetecerá realizar lo antes posible un viaje cultural a Valencia.

Recorrer con el libro en la mano los lugares que describen sus páginas y buscar en la Lonja de la Seda, inigualable muestra del gótico civil valenciano, las claves y detalles de una construcción con los que Juan Francisco Ferrándiz ha conseguido hacer aún más interesante su novela.

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