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De exilios y moradas

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De exilios y moradas

Publicación : 04 de julio de 2016

 

Por Octavio Ferrero

Fotografía. Lorena Aniorte Pagán

 

Vivo convencido de que es el amor el que mueve el mundo. Algo positivo que va mutando conforme el tiempo pasa y las personas toman caminos, esquivan oportunidades y tropiezan en recodos que nunca estuvieron en el lugar en el que debían estar.

Hace algunas semanas recibí el último libro de José Luis Zerón Huguet, el poemario titulado De exilios y moradas, publicado por Polibea en su colección El levitador. Siempre un motivo de alegría recibir noticias de Zerón.

Con un interesante prólogo de Alberto Chessa y las imágenes captadas por José Luis Rayos en la retina, es un surrealista como André Breton quien da el avance, “La literatura es uno de los más tristes caminos que lleva a todas partes”, antes de comenzar a leer Moloch, el poema que ejerce de anfitrión en este De exilios y moradas: “(…) nos fue dado el poder/ de alumbrar lo que no ha sido, y de ver/ con inocencia el festivo ajetreo/ de lo invisible/ urdiendo perpetuamente,/ perpetuamente hilando/ la apariencia y sus fantasmas.”

José Luis Zerón hace de la práctica surrealista algo tangible, dándonos herramientas para derribar los muros que algún día nosotros mismos construimos sobre un inespecífico llamado vida. Leemos en Exilio: “Tu inhóspita misión/ consiste en arrasar/ los refugios que levantaste/ contra lo desconocido”.

Seguimos el camino de De exilios y moradas a través de cuatro secciones o capítulos. El ruido del mundo, Le dur désir de durer, Razones del corazón y Hic et nunc.

Quizás sea en la interfase dedicada al corazón, la que describe justo antes del aquí  y el ahora, e inmediatamente después del deseo de permanecer, donde Zerón se manifiesta de manera más clara, y nos expone sus razones más caprichosas, que son también las más profundas. “Agotada la esperanza/ qué acogedora su mirada inquieta.”

Y es desde ese convencimiento, el de que el amor es base primaria y esencial, desde donde se percibe el material imposible y verdadero del que está urdido De exilios y moradas. “Superviviente de tantos sueños/ inalcanzados, / tú que amas la inocencia”. Recita Zerón a su hija.

Reconozco la emoción con la que encontré un poema dedicado a mi persona en este libro.  Tiempo y memoria forma parte de ese ruido del mundo, del preliminar, del conocimiento del que sólo se puede desprender, como si de un albornoz se tratara, quien está en el secreto. “La torre de la memoria está en llamas.”, anuncia Zerón. Y yo aprendo con cada verso a rescatar esperanzas de las ascuas. Gracias, José Luis.

 

 

 

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