LAS LEALTADES

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Las lealtades es el tercer libro que leo de la escritora francesa Delphine de Vigan, los anteriores fueron Nada se opone a la noche y Las gratitudes.

Como los ya nombrados, Las lealtades está publicado por Anagrama, y en este caso lo ha traducido del francés Javier Albiñana.

Aunque de los tres libros citados mi preferido es Las gratitudes, el tercero en su publicación, la forma de escribir de Delphine de Vigan es tan directa y profunda a un tiempo que provoca el interés del lector por lo que va a decirnos desde el principio del relato.

Aquí todos los protagonistas son personas que presentan carencias afectivas por causas familiares: separaciones, maltrato, ocultación de vicios y actitudes perversas… Ni uno solo está libre de heridas. Pese a ello prevalece la lealtad, las lealtades, que dulcifican en parte la dureza de cada una de las historias.

Las lealtades son lazos invisibles que nos vinculan a los demás -lo mismo a los muertos que a los vivos-…Son las leyes de la infancia que dormitan en el interior de nuestros cuerpos, los valores en cuyo nombre actuamos con rectitud, los fundamentos que nos permiten resistir, los principios ilegibles que nos corroen y nos aprisionan. Nuestras alas y nuestros yugos…”.

Los escenarios en los que se desarrollan las vidas de los principales protagonistas del libro son, sobre todo, la vivienda familiar y el colegio.

En el colegio, la profesora de Secundaria Hélène, con secuelas del maltrato que sufrió a manos de su padre, se preocupa por la actitud ausente y reservada de Théo, un niño de doce años que le hace recordar su propia infancia.

A los padres de Théo, tras un divorcio conflictivo, que amargó la vida de la madre y provocó después, por diversas causas, que el padre cayese en una profunda depresión, se les concedió la custodia compartida, aunque no existe comunicación entre ambos y el niño ha de hacer frente solo a los problemas del uno y de la otra. Así que Théo termina buscando en el alcohol la manera de ahuyentar la angustia, arrastrando con él a su único amigo, Mathis, cuya madre, Cécile, vive también una situación insostenible en casa al descubrir a qué se dedica su marido cuando no trabaja.

La preocupación de Hélène por lo que puede ocultar su retraído alumno aumenta día a día; hace partícipe de ella a un compañero, Frédéric, que le apoya, a pesar de sus propios problemas en los que también influye la lealtad.

Otros profesores, en especial la de Educación Física, y el director del centro no acaban de entender el vehemente interés que muestra por un chico que, según ellos y sin profundizar en las causas, lo único que hace es no cumplir las normas: trabajo en clase, asistencia a actividades extraescolares, equipamiento deportivo…

Hélène no se queda en la superficie. Al tener presente su propia experiencia y ante el agravamiento que observa en la actitud de Théo, cada vez se implica más en su educación e intenta averiguar qué ocurre a través de la madre, que ignora todo lo relacionado con su ex marido y se siente acosada por la profesora.

Progresivamente, tanto para Théo, Mathis y Cécile como para Hélène, los problemas se agudizan, hasta un desenlace final en el que las lealtades de unos y otros jugarán un importante papel.

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