JULIAN BARNES, PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS LETRAS

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Entre los libros cuya lectura me recomendó mi inolvidable amigo, y exigente lector, Manuel Montejano, está el que hoy traigo a Opticks. Se titula El loro de Flaubert, fue publicado en 1987 por la editorial Anagrama y su autor, el escritor inglés Julian Barnes, acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras en su edición de este año 2026.

El jurado que otorga dicho Premio justifica así su fallo: “Julian Barnes es un extraordinario narrador y ensayista, dotado de humor, ironía y, según sus propias palabras, ‘de un optimismo melancólico y un pesimismo alegre’. Barnes ofrece una visión lúcida, cálida y compasiva del género humano y emplea la memoria como configuradora de identidad sin renunciar a la imaginación, con el amor como principio esencial. Su obra reelabora, con mirada europeísta, la historia de la literatura, el arte, la música e incluso la gastronomía, hasta alcanzar un estilo único, que lo singulariza dentro de una generación de autores británicos especialmente brillantes, que ha marcado la literatura contemporánea”.

Los periodistas han recogido las palabras de Julian Barnes cuando le comunicaron la concesión del Princesa de Asturias: “Estoy encantado de recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras, del que tenía conocimiento desde hace muchos años. La valía de un premio siempre reside en la calidad de los que lo han recibido anteriormente, y me siento sumamente honrado de unirme a este listado de tan distinguidas personas de todo el mundo”.

Desde su primera novela, Metroland, escrita en 1980, el escritor inglés ha publicado catorce novelas más firmadas con su nombre, dos historias de detectives que firmó con seudónimo, tres colecciones de relatos y diez ensayos.

Entre las novelas está El loro de Flaubert, que obtuvo tras su publicación prestigiosos premios, como el Geoffrey Faber Memorial y, en Francia, el Médicis Entre los relatos, Al otro lado del canal, un libro que publicó en 1996 y contiene diez narraciones breves, cuyo hilo conductor es la oposición Inglaterra-Francia, la fascinación de la isla por el continente, Francia como el Otro absoluto de Inglaterra, tan cercano y tan lejano.

Cito estas dos obras porque son la únicas que he leído de Julian Barnes, y aunque en creo que los relatos, en bastantes ocasiones, permiten conocer de forma más exacta el estilo de un autor, los entendidos afirman estos días que, para aproximarse de manera objetiva a la figura del escritor que acaban de premiar, la lectura obligada es El loro de Flaubert, ya que reúne los elementos más destacados de su estilo.

Dichos elementos no son espectaculares ni llamativos, se refieren más bien al tono del relato, al ritmo sosegado, a la sutileza psicológica, a las descripciones, a las referencias al tiempo, la memoria, el amor, la muerte, la identidad y esa costumbre de expresarse en frases memorables como la tantas veces citada: “Cuando las personas pierden la capacidad de hacerse felices, mantienen intacta la de hacerse daño”; o esta otra dentro del libro Nada que temer, escrito en 2008 tras la muerte de su esposa: “No creo en Dios pero lo echo de menos”.

Y ahora volvamos al Loro de Flaubert y a lo que escribí cuando Manolo me pidió opinión: Se trata de una biografía novelada del escritor francés Gustave Flaubert, (ahora hay quien llamaría a esto metaliteratura).

Julián Barnes crea el personaje central de la novela, su protagonista, un médico viudo llamado Geoffrey Braithwaite apasionado por la vida y obra de Flaubert que conoce hasta en sus más mínimos detalles. Por ejemplo, su afición a los loros, aunque también a otros animales; su relación con las mujeres, sus éxitos y fracasos, enfermedades, fobias, familia y amistades, actitud ante la escritura, etc.

Las reflexiones que Barnes pone en boca del doctor y éste a su vez de Flaubert son bastante amargas.

Al final el doctor no encuentra el loro que Flaubert mandó disecar.

La novela está extraordinariamente bien escrita. Es imaginativa y genial en el trazado de la argumentación.

Además nos permite conocer, no sólo al autor de Madame Bobary, La educación sentimental o Salammbô, sino que nos aproxima a la época en la que vivió y a bastantes autores que fueron contemporáneos suyos: George Sand, Baudelaire, Zola, Henry James, etc.

Vuelvo a leer lo que escribí entonces. Creo que merece la pena releer el libro.

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