En la reseña anterior sobre un libro de Theodor Kallifatides comenté que el gran autor griego, que emigró muy joven a Suecia en busca de trabajo, eligió el sueco para escribir la mayor parte de sus obras, lo que le supuso un esfuerzo considerable.
Otros muchos escritores, por causas diversas, han abandonado su lengua natal adoptando la de su lugar de acogida. Es el caso del ruso Nabokov que escribió en inglés; el checo Kundera, en francés, o el chino Qiu Xiaolong, en ingles también.
Lo anterior sirve de ejemplo introductorio en la historia para niños a partir de 8 años que hoy traigo a Opticks y que ha escrito en valenciano Octavio Ferrero, un autor joven que hasta ahora publicó en castellano obras como Joe Rudo, paracaidista; El monstruo desterrado; Trulus, trulos y buhos y Triscuspascos, todas ellas en el campo de la literatura infantil y juvenil.
La razón por la que Octavio Ferrero ha elegido el valenciano para su última obra, magnificamente ilustrada por Anna Gisbert, publicada en la editorial Tàndem y titulada Berta i la col-lecció d’objectes prestats, es que, al contrario de los autores citados al principio, ha nacido en una comunidad autónoma bilingüe y domina las dos lenguas; lo que es una gran suerte si en ambas consigue escribir bien. Algo que demostró en los libros escritos en castellano y ha demostrado en éste, hasta el punto de haber recibido por él un premio: el Premi Carmesina de la Safor.
En los libros de Octavio Ferrero ocupa un lugar muy importante la fantasía. Una fantasía que sorprende y “engancha” ya que, como en el caso que nos ocupa, cuya protagonista, Berta, es una niña que nació con una serie de puntitos de color rojo en forma de espiral en cada mejilla, a la que su amiga Lluna le ayuda a descubrir que necesita gafas y que acostumbra a guardar objetos inservibles que se encuentra en la calle: un tacón de zapato, un barquito de papel agujereado, la envoltura de un caramelo…, hasta formar lo que ella llama “la colección de objetos prestados”, desde el principio del relato y progresivamente, hace aparecer elementos y situaciones que sorprenden a los lectores, tanto mayores como pequeños, porque no alcanzan a averiguar de antemano cuál puede ser el resultado de la concatenación de esos elementos que, en apariencia, no guardan similitud alguna.
Junto al desarrollo del relato en sí, que conduce a un desenlace inesperado, pero en el que todo al fin cobra sentido, está la caracterización, física y de comportamientos, de los distintos personajes que intervienen en la historia, .
Aquí la protagonista principal, Berta, es una niña imaginativa, sin complejos, (recordemos la espiral de sus mejillas, y la miopía que corrige con unas llamativas gafas rojas); segura de sí misma, (sus padres no entienden ni comparten la insistencia en coleccionar objetos para ellos inservibles), decidida y valiente.
Lo demostrará cuando lleguemos al final de la narración; en la que tendrán también mucha importancia su amiga Lluna, sus padres y los propietarios de una pizzería, en la que la magia, las desapariciones y un camión de bomberos participarán de forma activa, proporcionándonos de nuevo una de esas sorpresas tan del agrado de este autor.








