Hablemos con Ramon Fontseré

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Por Joan Montón Segarra

Caricatura. Li Sun

 

Els Joglars volvían a Barcelona para representar en el Teatre Poliorama El coloquio de los perros, una versión libre de la última novela ejemplar de Miguel de Cervantes. Entrevistamos a Ramon Fontseré, actor principal y, desde el inicio de la temporada pasada, nuevo director de la compañía, ya que sustituye al carismático Albert Boadella.

 

 

Me dio la sensación de que acabó la función agotadísimo…

¿Quieres decir? El teatro es terapéutico, a mí no me cansa. Durante la hora y media de espectáculo  me introduzco en una burbuja y desconecto de la realidad exterior.

 

Cuando vine, había alrededor de doscientas personas, media entrada. ¿Ha sido esta la afluencia habitual al teatro?

Sí. Ya me gustaría tener el teatro lleno, pero la curva de espectadores ha bajado mucho. Con el buen tiempo, la gente tiene ganas de salir. Hemos encadenado la Semana Santa con las fiestas de mayo y ha habido éxodos enormes de la ciudad. El 21% de IVA tampoco ayuda, aparte de la crisis general del teatro. Si echas un ojeada a los teatros barceloneses, las plateas cuestan mucho de llenar, y no solo en Barcelona, en toda España en general. Ya ves la categoría que tiene la cultura, con el 21% de IVA. Eso demuestra lo que opinan los políticos sobre la cultura.

 

Si no estoy equivocado, la obra ya lleva más de un año en cartel. ¿Cuál ha sido la evolución del espectáculo durante este tiempo?

El asentamiento del espectáculo es la repetición, aquello que dicen los franceses, cuando llevas veinticinco o treinta bolos, coges los tempi de la obra y la comunicación con el público. Las añadiduras han sido mínimas. Se trata de una adaptación de una novela escrita y muy pocas cosas hemos añadido.

 

A partir de este asentamiento, ¿el actor no busca nuevos caminos?

No, porque hay “una partitura” escrita. La puedes ejecutar con más seguridad, con matices, pero igual que en la cocina, cuando preparas un gazpacho está más rico al cabo de los días que no nada más prepararlo. El público también marca unas pautas.

 

Hoy he descubierto que mis alumnos de segundo de secundaria leen La gitanilla, la primera de las Novelas Ejemplares. Cuando les he preguntado la opinión, me han dicho con menosprecio “te la puedes quedar”. ¿Qué le diría a un adolescente de trece años que le puede ofrecer un texto como este de Cervantes?

Es muy normal, esta reacción. Yo también la habría tenido cuando tenía la misma edad, porque no eres consciente, quitando de aquellas familias en las que la cultura sea un elemento dominante y los niños se habitúan a leer desde pequeños. Yo también hacía lo mismo. La  primera obra que leí fue Los tres mosqueteros de Dumas. La cogí porque era de aventuras, pero no entendía muy bien las intrigas entre Francia e Inglaterra, ni aquello de las joyas, pero con Portos, Aramis y Dartañán me imaginaba unos tíos… ¡Claro, así nos luce el pelo en este país! Entiendo perfectamente que digan eso, pero que insistan, que vuelvan a La gitanilla o El Licenciado Vidriera, a El Casamiento engañoso o a El coloquio de los perros…, porque alguna vez, seguro, quedarán enganchados.

 

¿Quiere decir que los clásicos se deberían introducir a los jóvenes adaptando el texto?

Hoy mismo he estado hablando con mi primo, que vive en Alemania. Es un gran amante de la ópera y llevó a sus alumnos, también adolescentes, a ver una adaptación de Tristán e Isolda, y me explica que se lo pasaron perfectamente bien. Pero, claro, ¡eso es Alemania! ¡Hay una gran diferencia, culturalmente hablando!

 

Eso dicen…

Te lo aseguro yo. Els Joglars ha actuado mucho en el extranjero, en Europa y Sudamérica, y un adolescente inglés sigue en absoluto silencio respetuoso la obra. Un niño normal de Londres, de una familia normal –no hablo de un superdotado– sabe perfectamente qué es un drama, la Comedia del Arte, un Musical, Molière, Shakespeare… Aquí, cuando se hacen representaciones para el alumnado, es el terror…

 

¿No fueron bien las sesiones programadas de la obra para jóvenes?

Estuvieron callados, pero eliminamos todas las alusiones eróticas y todas las expresiones groseras que Cervantes utiliza, ¡para evitar los aspavientos!

 

Con esta, es la tercera adaptación que su compañía hace de Cervantes. Por lo tanto, tiene un conocimiento profundo del autor. Explíquenos por qué es tan bueno.

Cervantes es el primer humorista español con un humor filosófico e inteligente. ¡En sus novelas pasan cosas terribles!: secuestros, violaciones, abusos, pero siempre explicados con la ironía, porque la vida sin sentido del humor, sin un distanciamiento inteligente es un valle de lágrimas. Implica, al fin y al cabo, el reconocimiento de que somos muy poca cosa, que somos ridículos. Como decía Montaigne, “el personaje más poderoso del mundo, finalmente, se sienta en la silla con su culo”. Cervantes es un gran conocedor de la sociedad de su tiempo, el llamado siglo de oro (s. XVI-XVII) y ahora cuando lo lees, lo encuentras plenamente actual: la condición humana no ha cambiado.

 

Para mí fue estimulante y, además de veros, me animé a leer la novela y, entonces, surgieron los prejuicios y los dilemas. Me pareció que la novela tenía más riqueza.

Siempre que haces una adaptación has de elegir. Nosotros queríamos centrar la historia en la libertad. La libertad individual ante la libertad exigida por la masa. “¿Hasta qué punto eres libre” –le pregunta el perro a Manolo, el guarda. “Yo no estoy encadenado toda la vida… y tú, qué uso haces de esta libertad?”. “Pues yo me pongo el chándal, miro la tv, hago lo que me da la gana”–responde Manolo… “¡Pero si incluso cuando cruzas una calle tienes que obedecer unas luces!” –le reprocha, burlón, el perro.

 

No somos tan libres como creemos.

Los perros sí ejercen su libertad, porque cuando llegan los animalistas para liberarlos, ellos se quedan dentro y pasan de todo. También queríamos hablar de esta cosa de las mascotas. De un tiempo a esta parte, hay muchos perros que tienen una calidad de vida mucho más elevada que muchos humanos; con clínicas de estrés, peluquerías, terapeutas, traumatólogos… Hemos pasado de una época en la que el perro hacía tareas funcionales, como cazar o vigilar a ser prácticamente una especie de Dios en la tierra.

 

La noticia de su ascenso a la dirección se anunció en la presentación de la Temporada 2012-2013 del Centro Dramático Nacional. ¿Está satisfecho con esta nueva experiencia?

Sí, sí, estoy contento. Esto de la dirección me lo tomé con un cierto pánico, porque coger el testigo de un genio como Albert me daba mucho miedo. Lo mejor que le puede haber pasado a un actor es trabajar a las órdenes de un maestro como él. La vida me ha conducido a una situación inesperada, pero me lo tomo como una oportunidad. Como mínimo, este paso que he hecho servirá para alargar la historia, magnífica y utópica de Els Joglars.

 

Albert Boadella es un personaje con una larga trayectoria artística, no exenta de polémicas. Ahora el foco y los micrófonos de los medios de comunicación se orientan hacia Ramon Fontseré y le piden explicaciones por cuestiones, no siempre de índole teatral, como por ejemplo “el retorno de la compañía a Cataluña”.

La gente de la calle no sabe nada de todo esto. Son los medios de comunicación los que están en el meollo de este tema, pero también se arman un lío. Se pensaba que vivíamos en Madrid y no es así. Cuando a Albert le ofrecieron el cargo de director de Teatros del Canal, le propusieron vivir en Madrid, pero no quiso. Hemos continuado ensayando y montando todos nuestros espectáculos en la carpa de Pruit. Cuando hubo el problema con Albert, y con todos nosotros, nos dejaron de contratar en Cataluña y, como es natural, nos buscamos el pan allá donde teníamos público. Afortunadamente, el teatro es un lenguaje bastante universal y nunca nos ha faltado trabajo.

 

Hace tiempo protagonizó aquella película en la que interpretaba a Franco. En el mundo del teatro era ya un actor muy reconocido y yo pensaba que el éxito estaba asegurado y que su notoriedad se multiplicaría gracias al cine; en cambio, no fue así. ¿Cómo se explica esto?

La película que dices es ¡Buen viaje, excelencia!, producida por Els Joglars y dirigida por Albert. Tuvo muchos problemas de distribución. En el mundo del cine es muy difícil entrar y no tuvo el éxito que esperábamos. En un poco una lotería, esto del cine. Yo pienso que es una gran película. Fue seleccionada para el Festival Internacional de Cine de Tokio. Hago cine cuando lo puedo compaginar con mi profesión teatral. La última peli que he hecho ha sido la de Trueba, Vivir es fácil, y ha ganado seis Goyas.

 

Este espectáculo, El coloquio de los perros, es una especie de transición, porque Boadella ha colaborado en la redacción del texto y usted ha ideado la dramaturgia. En el próximo espectáculo, su mano se manifestará con mucha más autonomía. ¿Nos puede adelantar algo?

Es una reflexión sobre el mundo del niño, sobre si esta especie de afecto, de atención, de educarlo en la facilidad, en la abundancia, no nos lleva a crear un pequeño tirano, un pequeño monstruo que se convierte en el auténtico amo de la casa y que hace ir loca a toda la familia. El título sería VIP (very important person).

 

¿Hablamos de un texto original?

Sí, mío y de Martina Cabanas, que me ayuda con la dirección de El coloquio. Siempre Els Joglars nos basamos en las improvisaciones. En los buenos tiempos, partíamos de una pequeña fábula que Albert escribía y durante seis meses trabajábamos el texto y aportábamos ideas de las cuales salía la escenografía, el vestuario, el sonido…, todo. Ahora no hay dinero para trabajar de esta manera. Entonces lo que hemos hecho es elaborar más este texto, digamos, introductorio. Estrenaremos en el mes de septiembre.

 

 

El coloquio de los perros continuará viajando por todo el territorio español   –Almería, Asturias, Segovia, Burgos– hasta finales de año.

 

Caricatura: Ramon Fontseré  según Li Sun, caricaturista de las Ramblas desde hace veinte años. Sun estudió escenografía en Pekín y trabajó en el Teatro Tradicional Chino.

 

Descarrega entrevista en català.

 

Publicación : 08 de julio de 2014

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