Elvira Navarro

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Por Mª José Alés

Fotografía. Asís Ayerbe

 

 

Coincidiendo con la publicación del número 13 de Opticks Magazine, que lleva por título Memoria, entrevistamos a la escritora Elvira Navarro, cuya obra ha sido alabada por la crítica y que ya en 2010 fue incluida en la lista de los 22 mejores narradores en lengua española menores de 35 años.

 

Opticks es una revista cultural en la que colaboran autores noveles junto a otros ya consagrados. 

¿Cuáles son, según tu criterio, los elementos que contribuyen en la actualidad a que un autor sea reconocido en el mundo de la literatura?

A mi juicio, a un autor se le reconoce cuando tiene talento y trabaja.  He sido lectora para algunas editoriales y he podido ver cómo todo lo que es meritorio termina publicándose tarde o temprano. Lo de que hay obras maestras durmiendo en cajones porque nadie quiere publicarlas me temo que es una ficción consoladora.

 

Tú eres de Huelva, pero vives en Madrid. ¿Qué ventajas ofrece la capital a los autores jóvenes?

Llevo catorce años en Madrid. Llegué para estudiar Filosofía y me quedé. He vivido aquí más años que en cualquier otro lugar, lo que dificulta que pueda establecer una comparación con otras ciudades. Obviamente, en Madrid hay más presentaciones, conferencias, lecturas y, en definitiva, un circuito más grande, pero nada de eso te hace escritor. Un editor no te va a publicar por ir a las presentaciones de los libros que publica, sino porque tu obra lo merezca.  Lo que sí puede encontrar un escritor joven es una mayor facilidad para tener amigos que compartan su interés por la literatura. Aquí hay más gente, y las aficiones raras (la literatura lo es cada vez más) no tienen por qué disfrutarse en soledad, como a menudo pasa en pueblos o en ciudades pequeñas, donde todo es más homogéneo.

 

He leído que entre tus escritores favoritos están Marguerite Duras y Fedor Dostoievski. 

¿Nos podrías explicar el porqué de esa admiración?

Leí El amante, de Duras, a los trece años. Buscaba ilustrarme sobre el sexo. A esa edad no tenía una noción de lo literario, y con El amante me la topé. La novela apenas muestra nada sexual; lo que hay es una manera de contar que va más allá del argumento del libro. El libro  toca esas regiones abstractas, del sentimiento y del intelecto, propias de la literatura. Quiero decir que la novela no se agota en la trama. A raíz de eso, leer a Duras es volver a vivir mi encuentro con lo literario. En cuanto a Dostoievski, para mí es el autor más grande de la literatura porque abarca casi todos los registros y va lejos con absolutamente todos los personajes. Yo no soy una académica y no sé cuál será la opinión de los estudiosos al respecto, pero diría que leyendo a Dostoievski es posible ver ya a Kafka o a Thomas Bernhard. Como si parte de los grandes del XX vinieran de sus libros.

 

Entre otras actividades, también impartes talleres literarios. ¿Cómo ayudan estos talleres a un joven que desea ser escritor?

Los jóvenes que quieran ser escritores pueden desde luego entrenarse en un taller. Lo fundamental es siempre leer y escribir, y eso es lo que yo procuro que los alumnos hagan. Me cuido mucho de no imponer mi visión; creo que la labor de un profesor es siempre la de estimular al alumno a sacar al escritor que él es, independientemente de la poética del profesor.

 

Hay quien afirma que para ser un buen escritor primero se debe ser un buen lector.  ¿Estás de acuerdo con la aseveración?,  ¿qué es para ti un buen lector?

¡Cómo no voy a estar de acuerdo! La vocación empieza por la mímesis. Quieres hacer lo que admiras en otros. Un buen lector suele ser alguien que ha leído mucho de todo y de manera profunda. Te estoy contestando con una tautología, pero es que es la verdad. Si sólo lees novelas del oeste y románticas, es probable que seas un buen lector de novelas del oeste y románticas, pero si lees mucho de todo, es también muy probable que seas un buen lector de todo. Y tendrás más elementos para discriminar.

 

¿Qué libro de los que has publicado recomendarías a las personas que aún no han leído ninguno y quieren comenzar a leerte?, ¿por qué?

Recomendaría La ciudad en invierno, porque de los que he publicado es el que más me gusta. Y además puede adquirirse en edición de bolsillo, que sale económica.

 

Como docente he tenido ocasión de comprobar año tras año lo poco que leían mis alumnos y, sin embargo, parece ser que cada día se publica más.  ¿No es algo en apariencia contradictorio?

Yo tampoco soy capaz de explicarme este tipo de cosas. No creo en cualquier caso que sea algo aislado, que no tenga relación con fenómenos tales como la cantidad de viviendas vacías que hay sin que eso conlleve una disminución de los desahucios, lo llenos que están los centros comerciales a pesar de la crisis o eso que se dice de que los jóvenes somos la generación mejor preparada mientras suspendemos exámenes de cultura general, como ocurrió en una oposiciones. Pues sí, algo nos pasa.

 

En la interesante presentación que hiciste del libro de Iban Zaldua, Ese idioma raro y poderoso,  que aparece en tu blog afirmas: “La Literatura es política, sí, pero esa política la genera el propio texto si cumple con su deber de huir del tópico”. Tengo en mente  los títulos de diversas obras actuales de ficción que no cumplen con ese deber.  ¿Cuál sería en tal caso la relación de la Literatura con la política?

Es que a menudo se entiende por literatura política un tipo de literatura que ejemplifica ideales y consignas, lo cual desde luego me parece legítimo y a veces incluso necesario habida cuenta del discurso inconsciente que a menudo rodea lo literario, y que afirma que la escritura es apolítica, cosa ésta imposible por definición, pues las palabras y la sintaxis están cargadas de ideología, así que mejor será que la evidenciemos para no pecar de tontos. Sin embargo,  no es suficiente con ejemplificar; de hecho, creo que la literatura no debería ser un mero ejemplo de ninguna idea, pues entonces bastaría con esa idea y no haría falta escribir ningún libro. Yo creo que un libro, si está en una discusión consigo mismo y con los discursos que maneja, que son los de la polis, debería ir siempre un poco más lejos, aportar su descubrimiento, su matiz, su cosita nueva, aunque sea pequeña, para que esa mirada nos ayude a los demás también a mirar hacia donde no sabíamos.

 

Cada número publicado de la revista Opticks recibe siempre un nombre que guarda relación con el contenido de la misma. Nacieron así nombres como Sincronía, Forma, Límites, Sentido… El número actual se llama Memoria. ¿Qué importancia tiene la memoria en las obras que hasta ahora has escrito?

Carson MacCullers dijo: “Todo lo que he escrito me ha sucedido o me sucederá”. No se puede explicar mejor.

 

Muchos escritores al ser entrevistados hablan de inspiración y de trabajo. ¿Qué lugar ocupan ambos términos en tu actividad como escritora?

Yo soy una trabajadora. De hecho, mi próxima novela se va a llamar así, La trabajadora. Sin inspiración no hay nada, pero sin trabajo hay menos que nada. Ambos elementos son necesarios.

 

Publicación : 17 de marzo de 2014

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